Da cátedra España sobre Croacia
MORELIA, Mich., 30 de septiembre de 2026.- Isaac Fonseca armó el taco en Uriangato al conectar inmediatamente con el respetable, estructurar dos faenas de las que provocan que el público salga toreando de la plaza, meter dos estocadas hasta los gavilanes, desorejar al cierra plaza y salir a hombros en medio de la aclamación generalizada y como máximo triunfador de la Corrida en Honor de San Miguel Arcangel. Uriel Mofeno el Zapata cortó 1 oreja y Sebastián Ibelles no tocó pelo.
El Huracán de Morelia llegó de España, se enfundó en su terno rosa mexicano y oro engalanado con la “piedra del Sol”, con el que el diestro celebra los 500 años de tauromaquia en México, entró en tercer turno al redondel, pintureó una tanda de verónicas de imán y seda que remató con una media de alta estética para establecer un ¡Presente!, “aquí estoy y no me voy”.
Sí, porque volvió a ser ese torero que proyecta, que conecta y emociona, el que con la verdad de su toreo establece, justifica y manda, el que no se guarda nada en la chistera y pone el todo por el todo ante la cara del burel. De rodillas bordó derechazos de los que se meten hasta el alma, se jugó la vida en serie y e serio, citó y mandó con el poder que da gustar y gustarse, desarrolló una faena diversa, emotiva, contundente y reveladora, porque quedó claro que eso es lo suyo, arriesgar como novillero y ejecutar como maestro.

Sus dos faenas fueron de alto voltaje, con las dos convenció al respetable que ocupó tres cuartos del aforo, con cada una precisó el “¿quién vive?” de quien sale en busca del triunfo grande. A los dos astados de San Miguel de Mimiahuapam les dio ración completa de acero, solo que el primero de su lote se amorcilló y tuvo que recurrir al descabello, por ello perdió las dos orejas que tenía ganadas. Caso contrario del cierra plaza, que dobló pronto y el juez tuvo que echar a volar dos gaviotas blancas para que le Huracán de Morelia recibiera las orejas de “uchepo”, torazo de 497 kilos.
Uriel Moreno el Zapata recibió al primero de la tarde con cautela, un toro de seis años que pedía el carnet, al que el experimentado matador supo llevar paso a paso, evitando la cornada, porque el de San Miguel de Mimiahuapam lo buscaba, los esperaba, se quedaba en media embestida, le hacía extraños y, él, el diestro, evitaba el desaguisado apoyado en su sabiduría, en el estar siempre alerta. Le sacó miel a la piedra y aunque no hubo conexión con los tendidos, se jugó la vida en cada pase. Mató de estocada, el toro tardó en doblar, el juez de plaza hizo mutis, Aplausos.

El corrido en cuarto turno, ya cuando se empezaba a extender por el redondel el gabán oscuro de la noche, fue de mejores condiciones. El Zapata echó mano de los recursos con los que cuenta, aprovechó todas las cualidades del de San Miguel Mimiahuapam, cubrió magistralmente el segundo tercio con su tres en uno y encendió al respetable, después, con la muleta, estuvo variado, intenso, apasionado y en maestro. Estocada completa y, el juez, a regañadientes, solo concedió una oreja.
Sebastián Ibelles salió animoso, con hambre y ganas de agradar, tuvo detalles de buen torero ante cada uno de los de su lote, el segundo y el quinto, toros con mucha presencia, pero poco recorrido, que en ningún momento llegaron a romper. El chaval quiso, intentó, le buscó, insistió, pero no encontró la réplica que buscaba. Mas por determinación, intentos y disposición no paró. Fue silenciado en ambos turnos, Así sea.




