Por 11 segundos, Cordero-Hernández ganan primer día de la Panamericana
GUADALAJARA, Jal., 5 de julio de 2026.- Fin del sueño. La batalla ha sido feroz y por grandes lapsos la esperanza latió con mucha fuerza en el corazón de millones de personas. México ha tenido un hombre más sobre la cancha. También ha puesto tres delanteros. Incluso ha lanzado a su arquero en los últimos tirones de esquina, con la ilusión de un remate que hiciera realidad la hazaña… no fue posible. El Tricolor está fuera de la Copa del Mundo tras caer por 3-2 ante Inglaterra, en Octavos de Final.
Pueden llamarle Ciudad de México. Pueden vender su nombre oficial a una marca comercial… pero en el corazón de esta nación, siempre será el Azteca. Y su grada, ha sido una caldera desde antes de comenzar el encuentro. Ni la intensa lluvia previa, ni la hora de retraso con que ha comenzado el partido de Octavos de Final han sido razón para apagar el ánimo de un país sediento de la gloria que nunca antes probó.
En el estadio hay 80 mil personas. Al menos 5 mil son británicas. El resto, es un monstruo implacable, incansable y decidido a apoyar a los verdes hasta el último suspiro. Los primeros minutos son tensos en la cancha, pero ardiente en la grada. El silbatazo inicial se da entre gritos de “¡Sí se pueden sí se puede!”. Enseguida la tribuna cambia por la nueva expresión de combate: “¡Y si sí! ¡Y si sí!”.
Los olés se corean cuando el Tricolor toca la bola. Los británicos son permanentemente abucheados cuando la tienen. Una tribuna a la altura de una instancia definitiva de Copa del Mundo. Un escenario hermoso, con una vibra única, que encierra la esperanza no sólo definitiva los presentes, sino la de millones de personas que día a día construyen esta nación.
Enfrente está un rival de altísima calidad. Ni duda cabe. Por eso, cuando el balón largo supera la espalda de la zaga nacional, solamente Raúl Rangel puede impedir que Bukayo Saka llegue a ese balón, al ‘13. Tala corta con seguridad, con aplomo. La gente se enciende de nuevo. “¡Dale, dale, dale México, daleeeee Méxicoooooo”. Lo dicho: el Azteca es una caldera.
México era mejoren la cancha, pero aún le faltaba generar verdadero peligro. Minuto 14, Roberto Alvarado levanta la mirada desde la derecha. De zurda, lanza el centro preciso. Raúl Jiménez se eleva para conectar un extraordinario cabezazo, picado y con dirección de arco. Jordan Pickford, el arquero al que más goles la ha hecho en la Premier League, se lanza de extraordinaria forma. Con una mano desvía a tiro de esquina. Grandiosa salvada.
Tras la pausa de hidratación, el Tri mantiene dominio sobre la pelota. Inglaterra luce cansado. La altitud de la capital mexicana empieza a pasar factura. Por momentos, defiende incluso con 11 en campo propio. Pero el cuadro local no puede confiarse. Enfrente están jugadores de élite que con calidad individual pueden desequilibrar en cualquier momento el encuentro.
Para desgracia nuestra, ocurre lo indeseable. Cuando más sufre el cuadro británico, el talento de sus jugadores sale a flote. Bukayo Saka conduce por derecha. Desborda sobre la marca de Jesús Gallardo. Llega a línea de fondo. Lanza el centro pasado. Jorge Sánchez ni se entera que le entran por la espalda. Terrible marca. Jude Bellingham se tiende para rematar. Las redes se mueven. Gol de Inglaterra, al ‘36.
Es el primer gol que recibe México en toda la Copa del Mundo y deja al equipo claramente tocado. Los británicos entienden el momento. Aprietan con fuerza. Apenas se reanuda el duelo, el Tricolor pierde el balón en medio campo. Jude Ballingham toca con inteligencia para Harry Kane. Es uno de los mejores delanteros del mundo y se nota: devuelve con precisión. Jude Bellingham define al ‘37, el 2-0 visitante.
Duro golpe. En un par de minutos, el Tricolor recibe dos goles que le ponen contra la pared. La grada, que parece nunca cansarse de apoyar, responde con un grito que encierra el sentimiento del país: “¡Sí se puede, sí se puede!”. Y cuando tanta gente se une en un mismo objetivo, se tiene que poder… o mínimo, hay que intentarlo con toda la fuerza. Eso hace el equipo local.
Minuto 41. Tiro libre por el costado izquierdo. Roberto Alvarado cobra al corazón del área. Ezri Konsa no logra despejar. La pelota le pega y el rebote queda suelto. Julián Quiñones aparece en el lugar correcto y en el momento adecuado. Remata de primera. Dios paró implacablemente que supera al guardameta. Las redes se mueven y la ilusión se enciende en todo un país. Cuarto tanto de Quiñones en su primer Mundial. Es el 2-1 que acerca y da vida.
Ahora el momento es verde. Los de Javier Aguirre lo saben. Se lanzan con fuerza al frente, impulsados por millones de corazones que ahora mismo laten en sincronía absoluta. Julián Quiñones baja de cabeza para Raúl Jiménez. El atacante dispara de primera, cruzado, apenas desviado, al ‘45. Y en el agregado, de nuevo el 9 mexicano se eleva para conectar un centro de Roberto Alvarado. Cabezazo fantástico y atajada increíble de Jordan Pickford, quien evita el empate nacional.
El arranque del complemento no es bueno para el cuadro verde. La angustia parece en el mítico Estadio Azteca al ‘48, cuando un disparo de Nico O’Reilly cimbra el poste de Raúl Rangel. Se salva México. La esperanza sigue viva. Poco después, Jared Quansah barre fuerte sobre Jesús Gallardo. El árbitro no se da cuenta de la dureza de esa entrada… el VAR sí.
El silbante es llamado a consultarlas repeticiones. Tras ver las imágenes, decreta la tarjeta roja para el futbolista británica. La grada explota una vez más. Jugadores mexicanos saltan y piden con las manos el apoyo de la afición. Todo es algarabía en ese momento. Ruge el Azteca: “¡Y si sí! ¡Y si sí!”. Al minuto 53, México tiene un futbolista más sobre el campo. Es momento de aprovechar.
Pero quizá ese mismo ímpetu es el que traiciona. Descuido en zona baja. Anthony Gordon persigue un balón profundo. Raúl Rangel sale a cortar. Se tiende sobre el césped. El británico puntea primero. Hay contacto. Penal. Harry Kane toma el esférico y desde el manchón cobra de pierna derecha, potente, cruzado. El Tala adivina, pero le vence la velocidad del balón. El 3-1 de Inglaterra.
Pero esto no calma al monstruo que es el Azteca. Sólo lo enfurece. Harry Kane levanta la pierna dentro del área. Brian Gutiérrez llega primero al balón. El británico lo golpea. El árbitro no ve. De nuevo: el VAR sí. Lo llama. Le muestra las repeticiones. Y corregir. Señala el penal. La tribuna es un auténtico manicomio.
De nuevo vive la esperanza no sólo de los presentes, sino de un país entero.
Raúl Jiménez es infalible desde el manchón. La pelota es para él. Enfrente está un “cliente frecuente”. El guardameta intenta aguantar lo más que puede. El mexicano no se pone nervioso. Dispara suave y cruzado, de pierna derecha, al ‘68. Las redes se estremecen y el corazón del país también. México vive. México tiene esperanza. El 3-2 pone la hazaña al alcance de la mano.
“¡Sí se puede, sí se puede!”. El impulso de la grada es simplemente brutal. El equipo responde a ellos. En la recta final del encuentro mete a los ingleses en campo propio. Asedio absoluto. Machaca con convicción, una y otra vez. Tiene que caer. La fe se siente en la atmósfera mágica de este coloso pintado de verde. México sueña con los Cuartos de Final.}
El Tricolor termina el encuentro absolutamente volcado. Se agregan 11 minutos. Aún hay ilusión. Javier Aguirre ha ordenado ya tener tres centro delanteros en el campo. No queda más que ir con todo lo que queda, pues el Mundial agoniza para uno de los tres anfitriones. Con el correr del reloj parece que las ideas verdes se oxidan. Centros constantes. Rechaces constantes de la zaga visitante. Falta sorpresa.
Al ‘96, Raúl Jiménez remató desviado. La visión del equipo estaba nublada. La grada también bajaba. El grito prohibido se hacía presente con fuerza. Lo que minutos atrás se sentía como ilusión, ahora era desesperación. Una lenta agonía. Han pasado los 11 minutos. El silbante se lleva el silbato a la boca. Y su sonido dicta sentencia; México ha ofrecido una feroz batalla, pero está fuera de la Copa del Mundo.




