Niega Scaloni conocer sanciones por pancarta de las Malvinas
TOLUCA, Edomex., 13 de junio de 2026.-Miles de aficionados de la Selección de Costa de Marfil han tenido que cancelar sus viajes a la Copa del Mundo, debido a la negativa sistemática de las autoridades de Estados Unidos para otorgar visas.
Los representantes del Comité Nacional de Aficionados de los Elefantes (CNSE) confirmaron que, por primera vez en su historia mundialista, el equipo no contará con el apoyo de su delegación oficial proveniente del país africano, rompiendo así una tradición de décadas.
Esta decisión se deriva de la estricta política migratoria impuesta bajo la actual administración de Donald Trump, la cual ha complicado la entrada a territorio estadounidense incluso para personal técnico y arbitral.
Julien Kouadio Adonis, presidente del CNSE, reveló con profunda decepción que el gobierno norteamericano fue tajante al señalar que no deseaba la presencia de grupos de aficionados provenientes de naciones como la marfileña, cerrando de facto la puerta a quienes históricamente daban color y ritmo a los estadios.
"Los aficionados han renunciado a viajar porque Estados Unidos no quiere ver a aficionados de ciertos países como Costa de Marfil en su territorio", dijo el presidente del Comité Nacional de Aficionados de los Elefantes (CNSE)
Resulta frustrante observar cómo una logística que funcionó sin contratiempos en los mundiales de 2006, 2010 y 2014, hoy se estrella contra una burocracia intransigente que prioriza el control fronterizo sobre el espíritu deportivo. El impacto es devastador para el CNSE, organismo bajo tutela del Ministerio de Deportes de Costa de Marfil, que solía enviar a decenas de personas encargadas de coordinar la animación, y que ahora se ve reducido a una mínima representación que apenas logró obtener el permiso tras arduas negociaciones.
La pequeña delegación que finalmente recibió autorización tendrá una tarea muy distinta a la de festejar, pues su única función permitida será la de supervisar a los integrantes de la diáspora marfileña que ya radican en Estados Unidos. Estas familias, estimadas en apenas mil personas, serán las únicas voces que gritarán por el equipo desde las gradas, dejando a la selección sin su marea naranja tradicional y evidenciando cómo el contexto político global puede arrebatar la esencia misma de un torneo que se presume como universal.




