Regresa el Torneo Chaly Morelia W50 con la michoacana Julia García
MORELIA, Mich., 15 de julio de 2026.- Hay responsabilidades que no pueden evitarse, herencias de las que no se puede huir; no importa cuántos años pasen, enfrentar a los ingleses siempre tendrá una carga especial para el fanático argentino. Es un partido sin concesiones, la oportunidad para poner una venda nueva a una herida que difícilmente cerrará.
Intentar minimizar el enfrentamiento con los ingleses a un simple partido de fútbol se entiende, pero no puede ser real en la práctica; jugar sin demostrar intensidad, sin el cuchillo entre los dientes, disputar un balón sin arriesgar el físico, ceder un centímetro en la lucha cuerpo a cuerpo es traicionar su esencia; pretender quitar la carga emocional de un enfrentamiento de este calibre es poner en riesgo su sitio en la historia.
El mítico partido de 1986 colocó al nivel de prócer a Diego Armando Maradona, incluso por encima de la final ante Alemania; a partir de ese momento, Maradona adquirió un salvoconducto con una gran mayoría del pueblo argentino; ir contra eso es imposible.
Messi cumple 20 años vistiendo la playera de la selección y jamás ha enfrentado a Inglaterra; es su último Mundial, no habrá más oportunidades. Lio, hay que tener memoria; tiene un romance reciente con el aficionado argentino. Hasta que no ganó la primera Copa América en el 2021 no fue plenamente aceptado; antes de eso, para muchos argentinos era un pecho frío, un genio en Barcelona y un futbolista del montón en selección nacional. Su desempeño y el resultado en el partido de este miércoles; pueden ser definitivos en cómo se le recuerde.
El fútbol no es la guerra, pero los argentinos sabían y saben que es en la cancha donde pueden tener algo parecido a una venganza por la guerra de las Malvinas; no compensa, no es equitativo, pero es lo que hay.
Por eso, las declaraciones del seleccionador argentino, Lionel Scaloni, limitando el enfrentamiento de hoy a solo un juego de fútbol, se entienden desde lo políticamente correcto, pero hacerlo en la práctica no es creíble.
En Argentina el fútbol es una religión y uno de los pilares de esa liturgia es ganar bajo cualquier circunstancia a los ingleses. Si el esfuerzo y la entrega total y absoluta se justifican por la motivación de llegar a la final, es válido para el futbolista, pero para el aficionado el boleto al partido por el título es solo un ingrediente adicional; lo fundamental es vencer a los ingleses.
De Inglaterra se habla menos en temas extracancha; la frialdad del vencedor los hace eludir cualquier relación con las Malvinas y una guerra donde ellos pusieron las balas y Argentina los muertos, 649 por 255... las matemáticas no mienten.
A los ingleses les duele el partido de 1986; a los argentinos, los muertos de 1982. Los británicos juegan el partido más importante en los últimos sesenta años, desde que ganaron su único título mundial en el antiguo estadio de Wembley en 1966, un campeonato obtenido con un gol fantasma frente a Alemania.
Los argentinos quieren el bicampeonato, despedir a Messi levantando otra copa, hacer historia, pero todo eso, hoy es circunstancial; lo verdaderamente importante es ganar a los ingleses, porque para ellos, una gran mayoría de argentinos, este no es solo un partido de fútbol, es la patria, la guerra que sí pueden ganar.




