Estará Marco Antonio Solís en función del FICM
MORELIA, Mich., 18 de noviembre de 2022.- Trashumante es una serie de pinturas que muestra la calidad de su autor, Óscar Solís. Son obras de diferentes formatos y están basadas en estos seres sin casa que solo deambulan. Y fijándose un poco, parecen autorretratos del pintor. Una parte de esta muestra se exhibe en la fonda Marceba.
Cuando hizo esta exposición en la galería de la Casa Werma, en el pueblo mágico de Pátzcuaro, sin darse cuenta empezó a hacer a un personaje que vivía en Apatzingán, de donde es originario el pintor.
Recordó que era uno de los loquitos de Apatzingán que decían El Sube, un hombre que jugaba volados con los chiquillos; "era curioso porque era güero, cuando la gente de Apatzingán, pues no es güera. Tenía un ojo como verde o azul, no sé, en el otro tenía glaucoma. Ahí está ese cuadro".

Tras hacer ese trabajo, el pintor pensó en los trashumantes, o la gente que anda en la calle y que ya está un poco trastornada, o que siente un rechazo por la sociedad y se desconecta; "entonces nos ves en la carretera con un costal y ahí va toda su propiedad. Esos vagantes, esos trashumantes me interesaron mucho por la indeterminación que tienen de andar sin rumbo buscando alguna cosa a la que sujetarse, un objetivo que tienen que no tiene ninguna claridad, como el destino mismo de todos", expresó.
Pero además le interesa el ser humano, aclaró, por eso insiste mucho con las personas en su obra; "se me hace más interesante una persona que un objeto o un paisaje".
Para estos trabajos se basó en una regla principal: no meter pincel. Eso le ha dado más libertad, porque se ha dedicado a usar solamente la espátula. Aunque aclaró que en algunos pequeños detalles sí usó el pincel.

Al usar la espátula, contó, le fue gustando la manera en que se iba moviendo el color, y se le hizo una buena opción para agregar al discurso de la expresión, pero solo para usarlo en piezas más grandes.
Su obra puede ser apreciada, e incluso comprada, en la Fonda Marceva, ubicada la calle Abasolo, número 455, en el centro histórico de Morelia.




