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MORELIA, Mich., 3 de mayo de 2022.- Aunque constituyen una problemática para la conservación del patrimonio edificado, las pintas, grafittis y otras intervenciones son parte de la expresión de las poblaciones, por lo que se debe encontrar un punto de equilibrio entre estas necesidades, señaló Andréanne Charest, secretaria adjunta de la Organización de Ciudades Patrimonio de la Humanidad (OCPM).
Señaló que, como parte de la vida de una ciudad, "es muy importante que la gente hable", una expresión que puede involucrar intervenciones en inmuebles o monumentos considerados patrimonio cultural.
"Es una pena que esto suceda, pero es una manera de expresarse, quiénes somos para decir que no, eso muestra que la gente tiene algo que decir", reiteró.
Advirtió que no hay una respuesta fácil a la cuestión de cómo preservar el patrimonio sin reprimir esa necesidad de expresión de grupos sociales y gremiales de sus demandas.
"Es una gran pregunta; entiendo que la gente debe expresarse y que no debe destruir el patrimonio cultural, pero no estoy segura sobre cómo puede ser esto", reconoció Andréanne Charest.
Una posibilidad, refirió, es el uso de materiales removibles de las edificaciones, con un desgaste menor de las mismas, pero lo suficientemente perdurables para que las intervenciones sean vistas y escuchadas.
Respecto de la existencia de riesgos para las ciudades patrimonio de la humanidad de perder este distintivo por la recurrencia de pintas y grafitis, la secretaria adjunta de la OCPM aseveró que "puede haber riesgos, pero estos se pueden quitar y reducir la afectación".




