Michoacán: reprochan abandono a danza folclórica; piden 2% del gasto
MORELIA, Michoacán., 28 de octubre de 2026.- Mucho antes de convertirse en uno de los grandes símbolos de México, el xoloitzcuintle ya ocupaba un lugar especial en las creencias de los pueblos mesoamericanos. Su importancia iba mucho más allá de acompañar a las personas durante la vida, pues se creía que también podía guiarlas después de la muerte, durante el misterioso viaje hacia el Mictlán.
Esta tradición ancestral ha sido estudiada por especialistas como Mercedes de la Garza, en sus investigaciones sobre el carácter sagrado de los perros entre los pueblos nahuas y mayas, publicadas en Arqueología Mexicana y la UNAM. También Gaceta UNAM, en el artículo La leyenda del Mictlán dio vida al Día de Muertos, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han abordado la relación del xoloitzcuintle con las creencias sobre el destino de las almas. Estas fuentes permiten conocer por qué los perros adquirieron un papel tan significativo en los rituales funerarios y en la visión mesoamericana del más allá.
Para comprender su importancia, hay que imaginar el Mictlán, el mundo de los muertos gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. En las creencias nahuas, quienes morían por causas consideradas naturales emprendían un recorrido hacia este destino, descrito en distintas tradiciones mediante regiones y obstáculos que debían superar. Algunas representaciones hablan de nueve niveles y de una travesía que podía prolongarse durante años. Uno de los pasajes más conocidos era el cruce de un río caudaloso, donde el alma necesitaba ayuda para llegar a la otra orilla.
Ahí aparecía el perro, un compañero fundamental para continuar el camino. Según antiguas creencias funerarias, algunas comunidades sacrificaban perros y los enterraban junto a los difuntos para que pudieran acompañarlos después de la muerte. Se pensaba que, al llegar al río, el alma encontraría al espíritu del animal y podría subir sobre su lomo para atravesar las aguas. De esta manera, el perro podía convertirse en guía en uno de los momentos más importantes del viaje al inframundo.
¿Y por qué el xoloitzcuintle ocupa un lugar tan especial en esta historia? Para los antiguos nahuas, su apariencia fuera de lo común tenía un significado sagrado. Su piel sin pelo lo distinguía de otros perros y se relacionaba con Xólotl, una deidad asociada con la muerte, la oscuridad y el inframundo. Su vínculo con ese mundo espiritual era tan importante que aparece en el Códice Laud una escena en la que un difunto llega acompañado por un perro ante Mictlantecuhtli, señor de los muertos.
La conexión también alcanzaba el mundo de los dioses. En la mitología nahua, Xólotl era una deidad representada con rasgos caninos y vinculada con la oscuridad, la transformación y el inframundo. Se le relacionaba con el recorrido nocturno del Sol, que desaparecía al atardecer y volvía a aparecer al amanecer. Esta imagen conectaba al perro con el tránsito entre distintos mundos y reforzaba su presencia simbólica en las historias sobre la muerte y el renacimiento.
El xoloitzcuintle no fue importante únicamente en los relatos. La presencia de perros en objetos y contextos funerarios demuestra que estos animales formaron parte de las prácticas y representaciones de distintas culturas mesoamericanas. En algunas piezas arqueológicas del occidente de México aparecen figuras caninas junto a seres humanos, mientras que los códices conservan escenas relacionadas con los difuntos.
Con el paso de los siglos, el xoloitzcuintle se convirtió también en un símbolo de identidad mexicana. Su figura recuperó protagonismo en el arte y la cultura nacional, y hoy aparece en ilustraciones, esculturas, películas y celebraciones tradicionales. Durante el Día de Muertos, su imagen suele representar al compañero ancestral que conoce el camino hacia el más allá.
Cada año, cuando las familias mexicanas colocan cempasúchil, veladoras, fotografías y alimentos en sus altares, mantienen vivo el recuerdo de quienes han fallecido. En ese encuentro entre memoria y herencia ancestral, el xoloitzcuintle conserva un significado especial. Su historia nos acerca a una creencia profundamente humana, la de imaginar que incluso en el último viaje podía acompañarnos un amigo fiel.




