Impiden flujo de 312 mdp a grupos criminales por extorsión: GobMich
MORELIA, Mich., 11 de julio de 2026.- La hizo, Isaac Fonseca la hizo en grande en la Feria de San Fermín. El torero moreliano se alzó como triunfador en la Monumental de Pamplona, España, al cortarle una oreja de mucho peso al cierra pasa, un toro que le permitió mostrarse y demostrar su raza y toreo sin concesiones, porque imprimió valor, se expuso, jugó la vida y cuando debió hacerlo desarrolló ese toreo de poder y mando para aprovechar, sobre todo por el lado izquierdo, lo que traía de bueno Secretario, el sexto de José Escolar.
Su inicio fue sentado en el estribo, sin parpadear, por lo que el púbico que abarrotó la plaza se le entregó. Deslumbró con naturales de imán y seda que convencieron a la audiencia. Con ese valor que le es tan propio y su cada vez mejor toreo explotó a cabalidad las buenas condiciones de Secretario, el toro más potable del duro encierro de José Escolar. El diestro michoacano concluyó con estocada desprendida de efectos rápidos.
Antes, el primero de su lote, tercero de la tarde, Campanero de nombre, fue un toro peligro sordo, muy áspero, duro, al que el Huracán de Morelia le buscó la condición, pero no tuvo contribución. Así y muy dispuesto dejo la sensación de que iba por todo sin guardarse nada, porque en cada pase se jugó la vida. No estuvo acertado con el acero, aviso y silencio.
El sudamericano Juan de Castilla derrochó casta ante un lote imposible al que le neceó en busca del triunfo, pero no encontró eco en el de José Escolar. Pundonoroso, el colombiano, fue de rodillas en busca de ligar una tanda de alarido, de convencer, pero no encontró contribución. Había qué ver la entrega y exposición de este torero, pero sin fortuna. Metió la espada tendida. Silencio.
El quinto tuvo más recurrido y Juan de Castilla pudo entonces ligar pases de magnífica factura, por lado derecho, que le fueron coreados por esa multitud gozosa que es la de Pamplona. Pero fue prendido por el burel, mas no se dejó vencer, así, maltrecho y mermado se metió de nuevo a la cara del toro, esfuerzo que se le premió con la admiración de la multitud. En la ejecución de la suerte suprema dejó media estocada al segundo intento, dobló el burel, escuchó ovación y se dirigió a la enfermería
Esta vez Antonio Ferrera no pudo hacer su show. No había materia prima. El primero de la tarde no permitió que el buñolés tejiera su filigrana, por duro, por manso, por ríspido. Toro desprovisto de cualquier atributo que, además, se defendía en la conclusión. Ferrera falló feamente con el acero, el público se calentó. Escuchó un aviso, silencio.
Frente al cuarto, segundo de su lote, Antonio Ferrera explotó su gran fondo torero para aprovechar lo que traía de potable el de José Escolar. El diestro imprimió serenidad y calma para llevarlo de a poco y estar siempre por encima. Le pinceló de uno en uno para no perder el hilo y bordó por abajo con calidad y categoría, pero sin conexión. El astado le exigió y el torero se impuso por naturales. Buena faena de Ferrera que no pudo redondear porque falló con los aceros. Silencio tras aviso. Así sea.




