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MORELIA, Mich., 30 de julio de 2026.- Armando Primera Chagolla tiene 70 años de edad, 35 de los cuales los ha dedicado a servir a Morelia como bombero municipal, una carrera para la que aseguró que no se necesita saber leer o sacar cuentas, sino resistencia, disciplina, agilidad y, sobre todo, mucho corazón.
"Me gusta mucho, bastante, no quisiera nunca abandonar este trabajo. Empecé a trabajar en brigadas de retiro de árboles, y de ahí busqué ser bombero; el primer incendio que combatí fue en el mercado Santo Niño y me comenzó a gustar", explica.
En entrevista, Armando Primera refiere que se ha preparado mucho para ejercer su labor, con cursos en San Luis Potosí y en Estados Unidos, para manejar adecuadamente el equipo y las unidades, además de aprender a coordinarse y actuar en conjunto.

Reitera que ser bombero no es difícil, no se necesita saber leer o sacar cuentas, sino tener resistencia, agilidad, disciplina, ganas de hacer las cosas bien y, lo más importante, mucho corazón, al mismo tiempo que control de las emociones.
Y es que cuando los segundos cuentan y definen la posibilidad de vivir de una persona, es fundamental tomar decisiones rápidamente, ejecutar las acciones necesarias sin miedo, pero con precaución, y estar pendientes del entorno.

"Me da mucho gusto cuando salvamos una vida, cuando luego de un choque o un incendio llevamos a la gente al hospital con vida, para que la atiendan y se recupere, pero para eso debemos actuar rápido, sin pensar en lo que nos espera afuera, en que tal vez no salgamos, porque si tenemos que destrozar un vehículo para poner a salvo a alguien, lo destrozamos", explica.
Muchas cosas han conmovido al veterano bombero, personas que no pudo salvar, pese a sus esfuerzos, "me tocó un incendio, en Capula, en una troje con madera muy gruesa, con una cadena tuvimos que sujetar la aldaba y tirar con un vehículo para tronar la puerta, era un infierno, había cuatro niños, quedaron calcinados no pudimos sacarlos", contó.

Pero también quedan en la memoria las historias donde el éxito coronó su trabajo, "cuando podemos salvar a alguien, nos da mucho gusto, nos emocionamos. Hace muchos años, en una casa en Santa María había un incendio y un niño escondido en un closet, entramos y no se veía nada porque el humo era muy denso, gritamos su nombre, lo encontramos y, aunque tenía quemaduras de segundo grado, se recuperó, luego nos pidió que fuéramos sus padrinos de graduación y se hizo".
Más de tres décadas de lucha cara a cara contra el dolor, contra la muerte, contra el reloj, le pasan la factura al corazón más fuerte, y Armando Primera sabe que su servicio toca a su fin.

"Ya me siento cansado, el trabajo se ve fácil, pero es muy pesado y requiere de mucha agilidad, y yo ya no puedo brincar a una mesa, no solo es un riesgo para mí, sino para los compañeros, que me tienen que cuidar, yo no quiero dejarlos, tenemos muy poco personal, pero ya cumplí mi tiempo y es momento de retirarme", detalla.
Hace dos años comenzó su proceso de jubilación, el que aún no tiene fecha de conclusión, si bien espera en el corto plazo poder retirarse para disfrutar de su familia, del campo que con amor cultiva, el mismo amor que ha prodigado en una lucha sin cuartel por salvar a las personas en sus momentos más vulnerables, sirviendo como bombero municipal.




