Padre Pistolas a Guardia Nacional: si alguien chinga, pártanle la madre
MORELIA, Mich., 9 de septiembre de 2025.- Además de reliquias de santos, como pasa en el templo de San Agustín, en la ciudad se mantiene la devoción a una reina y un rey santos, heredados de la Baja Edad Media.
La gran mayoría de las advocaciones heredadas de la Edad Media fueron desapareciendo, porque los santos también pueden pasar de moda, por así decirlo. Pero ese no fue el caso.
Se trata de santa Isabel de Hungría y San Luis de Francia, ambos reyes católicos del siglo 13, cuyas imágenes se encuentran en el templo de San Francisco, ya que son santos patronos de esta orden religiosa y quien mantiene viva la devoción.

Pero te preguntarás, ¿qué hicieron para ser santos?
Santa Isabel de Hungría fue la hija de un rey de Hungría, famoso por participar en la Quinta Cruzada, y ganando con ello el favor de la Iglesia Católica. Isabel no fue mártir ni murió virgen, por así decirlo. Fue una reina y madre que, luego de enviudar, según refiere la página oficial de la orden, se consagró a la vida religiosa y abrazó la pobreza, un voto de la orden de san Francisco de Asís.
Además de padre cruzado, como se les llamó a los hombres que fueron a Tierra Santa en las llamadas cruzadas, su abuela también fue una santa Matilde de Ringelheim, canonizada a finales de la Alta Edad Media.
Por su parte, Luis de Francia, también creció en un contexto profundamente religioso. Dedicó su vida a la oración, la penitencia y la caridad, además de convivir regularmente con personas pobres, refiere la página oficial del Vaticano. Luis, a mediados del Siglo 13, intentó también liberar Tierra Santa, como otros cruzados, pero no lo logró.

En la Alta y Baja Edad Media fue una costumbre recurrente que el Papa canonizara a reyes y reinas, incluso asegura el historiador español Antonio Álvarez-Ossorio, casi todos tenían un miembro de la familia real que era santo, con excepción de España.
Hacía el Siglo 17, “la monarquía de España carecía de un auténtico rey santo de culto universal y reconocido por la Iglesia romana, a diferencia de la mayoría de los reinos de la Cristiandad”, por lo que fue necesaria su canonización hacia 1671, para que España, como Hungría o Alemania, tuvieran su propio rey o reina santa.




