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MORELIA, Mich., 19 de julio de 2026.- Hay lugares que se vuelven parte de nuestras vidas, de nuestros recuerdos, de nuestras historias, lugares que huelen a infancia, a familia, a risas, a un mundo donde alcanzar la cima de un Tobogán Gigante para descender a lomos de un costal era la máxima aventura, logro y desafío.
Abierto en abril de 1978, el parque de diversiones Tobogán Gigante ha sido escenario de encuentros, esparcimiento y convivencia, por generaciones, un recorrido que este 31 de agosto tocará a su fin... Por lo menos por ahora.

En Quadratín queremos, no despedir un capítulo escrito a golpe de carcajadas y gritos de emoción en la historia de Morelia, sino celebrar 48 años de un espacio emblemático para chicos y grandes que, con cosquillitas en la panza, se aventuraron a deslizarse por el Tobogán Gigante.
A lo largo de 48 años, el parque de diversiones tuvo cuatro ubicaciones: primero sobre la avenida Enrique Ramírez, donde ahora se encuentra el restaurante Sanborn's; en la ubicación que actualmente corresponde a la Torre Financiera; en el antiguo Servicentro Las Américas y, finalmente, a un costado de La Comer, en la colonia La Huerta, explica Carlos Gil, gerente del Tobogán Gigante.
Desde abril de 1978, únicamente cerró sus instalaciones por causa de la pandemia de coronavirus (Covid 19), prestando un servicio prácticamente ininterrumpido a las familias.

Indica que se ha mantenido el mismo tipo de usuarios: jóvenes que salen de la preparatoria o la universidad para pasar una tarde con los amigos, familias que llevan a sus niños o adolescentes a jugar, sin cambios.
Entre sus visitantes destacados, Carlos Gil menciona a futbolistas, quinceañeras que acudieron a hacerse fotografías o celebrar sus fiestas, y pequeños de casas hogar que disfrutaron de una jornada sin preocupaciones o pesares.
Pero la mayor satisfacción de quienes han laborado en el Tobogán Gigante, asegura, ha sido ver cómo los chiquitines que un día gritaron, corrieron y disfrutaron luego llevan de la mano a sus propios hijos, para iniciarlos en el antiguo y siempre renovado ritual de divertirse a lo grande.

Y es que, menciona, con 48 años de operaciones del Tobogán Gigante, 22 de los cuales ha sido gerente del parque de diversiones, eso muestra el paso del tiempo.
Cuestionado sobre los motivos que llevan a finalizar la operación, Carlos Gil refiere que ha decaído la afluencia, por el cambio en las preferencias de las familias, especialmente de los más pequeños.

Aunque en las condiciones presentes no es posible mantener las puertas abiertas del parque, no descartó que en otro escenario se puedan abrir, una vez más, para que chicos y mayores nuevamente se deslicen en el Tobogán Gigante.
Porque hay lugares que se vuelven puerto seguro, álbum de memorias, caricia de nostalgia que, aún a la distancia, nos hace sonreír, lugares que trascienden los años, las épocas, los cambios sociales, y se quedan para siempre en el corazón de las personas.





