MORELIA, Mich., 14 de abril de 2019.- Como hace 2 mil años en la antigua ciudad de Jerusalén, este domingo la Catedral Metropolitana se llenó de personas con sus palmas en las manos para alabar a Jesús, el hijo de Dios.

Pocos lo saben, pero esta emblemática fecha de la comunidad católica tiene su origen en una tradición judía, cuya población en tiempos remotos acostumbraba a recibir con ramos de olivo a los reyes, personajes importantes y sumos sacerdotes, nada que ver con las palmas que se usan en nuestro país.

No obstante, su origen judío, en la actualidad se celebra la entrada de Jesús a su pueblo, Jerusalén, a bordo de un burro, aparentemente que no habían domado, de acuerdo al evangelista Lucas.

“Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo;… Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar. Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino…”

Ese acto, de extender sus manos y los ramos fue interpretado como el reconocimiento de la gente hacía el hijo de Dios, el Rey, por lo que desde entonces, y con algunas manifestaciones particulares para la América indiana, se ha celebrado por los cristianos.

Por otro lado, con la aparición de los sacerdotes católicos y el ritual de la misa, los ramos pasaron a ser bendecidos, considerados como reliquias, conservados en los hogares hasta el próximo miércoles de ceniza, para ser incinerados y colocarse en la frente de la feligresía como símbolo del pecado y penitencia.

También ese día, en que entró a la ciudad de Jerusalén, habría ocurrido la ruptura con los sumos sacerdotes.

“Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios»…”, refiere el pasaje bíblico, Lucas, cap. 19, versículo 44.