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MORELIA, Mich., 19 de junio de 2026.- El Día del Padre se acerca y, con él, la inevitable pasarela de centros comerciales llenos de hijos y esposas buscando el regalo perfecto. Pero, ¿qué es lo que realmente quieren los papás? ¿Y qué es lo peor que han recibido? Salimos a las calles a pulsar el sentir de los festejados y de quienes los festejan.
La respuesta colectiva navega entre el valor de lo sentimental, el aburrimiento de lo predecible y los verdaderos deseos culposos de los jefes de hogar.
Un clásico: el marco de fotos de sopa de coditos
Para los papás primerizos, el valor no se mide en pesos, sino en pegamento, creatividad y cariño con brillitos. Javier, un papá joven, confesó con timidez que aún no tiene un historial largo de obsequios, pero si de emociones.

"Tengo pocos días del padre, entonces no puedo decir que no haya sido emotivo".
Al recordarle el clásico portarretratos de manualidad escolar adornado con sopita de coditos, sonrió con ternura. No solo es tiempo y tradición, es puro amor infantil.
"Y eso es bonito, cuando tu bebé está chiquita es muy bonito eso, entonces no puedo decir que es lo más mal que me han regalado".
Al preguntarle si todavía lo conserva y lo valora, responde con un rotundo y orgulloso: "Sí, claro".
Sin embargo, cuando se le cuestiona sobre lo que a los hombres realmente les gusta y casi nunca les regalan, Javier no lo duda: "Herramienta. Sí, sí, sí. A mí sí me gusta".
Un abrazo vale más que mil regalos…

Unos pasos más adelante nos encontramos con Hugo, quien se resiste a caer en el juego del peor regalo. "Me agarraste en curva... nada es lo peor", dice entre risas, argumentando que tiene mala memoria para los malos ratos. Para él, la madurez de la paternidad ha cambiado sus prioridades.
"Lo mejor es la presencia de mis hijos. Uno como papá lo que más disfruta es tener a sus hijos. Ya de ahí, detalles simbólicos... un perfume o la manualidad con la sopita de codito que te hacen", comenta Hugo.
Sin embargo, al hablar de deseos materiales, reconoce que el universo de los papás es complejo: "Es bien difícil porque hay una diversidad de gustos. A mí en lo personal me gustan mucho los relojes, la relojería, pero hay papás que no les gustan los accesorios y son muy básicos".
Para este Día del Padre, el mejor regalo de Hugo ya está en camino: "Estoy esperando la presencia de mis hijos, tengo uno fuera de la ciudad, espero que venga y pasarla bonito".
¡No más calcetines!

Pero no todo es poesía. En el lado de quienes regalan, el fantasma de la falta de imaginación siempre está al acecho. Diana, una joven entrevistada, confiesa sin rodeos cuál ha sido el peor regalo que le ha dado a su papá:
"Calcetas. Sí, calcetas".
Al preguntarle qué cara puso su padre al recibir el aburrido paquete, Diana sonríe resignada: "Pues nada, o sea, nomás así como: 'Gracias, hija'...".
Para evitar ese trago amargo, Diana propone una alternativa más pragmática: "Dinero. Con el dinero, pues ya ellos se compran lo que ellos quieren".
Lo que ellos compran vs. lo que les regalan
Para tener la radiografía completa, fuimos al mostrador. Víctor, gerente de Sanborns del Centro, conoce a la perfección el comportamiento de compra en estas fechas y desmitifica el misterio.

Según Víctor, cuando los hijos o esposas van a comprar, la apuesta siempre es a lo seguro —y a veces a lo desgastado—: billeteras, cinturones, playeras y bolsos para caballero. Sin embargo, cuando los hombres van solos a la tienda en su día a día, buscan cosas muy distintas: relojes, plumas finas y perfumes. "Mucho de lo que no les regalan son perfumes, generalmente la gente se enfoca más en el cinturón o la cartera", explica el gerente.
Para quienes buscan salir de la rutina de las calcetas de Diana, Víctor comparte algunas recomendaciones basadas en la experiencia:




