Paso Independencia: fluidez, cancha de pádel, obra que esperó 20 años
MORELIA, Mich., 17 de noviembre de 2025.— Cinco largas y pesadas horas de este lunes dejaron a Michoacán sumido en una oleada de violencia que expuso, otra vez, la fragilidad de la seguridad en el estado: un fallido operativo para detener a El Camaleón, objetivo prioritario y uno de los mandos más peligrosos del Cártel Jalisco Nueva Generación, derivó en un choque armado en Salvador Escalante que terminó con dos civiles abatidos.
Fuentes policiales federales admiten que el objetivo central no fue capturado: logró evadir los cercos de seguridad entre señales de filtraciones institucionales y protección de sus sofisticadas redes personales de protección, integradas por decenas de hombres poderosamente armados.
La respuesta del CJNG fue inmediata: bloqueos, quema de vehículos en 17 puntos del estado y bloqueo de tramos carreteros. Un total de 25 unidades quedaron destruidas: autobuses foráneos, tráileres, camionetas, automóviles. Los municipios más afectados incluyeron Numarán, La Piedad, Zamora, Tangamandapio, Huaniqueo, Ecuandureo y Chavinda.
El contexto que empuja la tormenta
La tensión del día se remonta inevitablemente al primero de noviembre: el homicidio del líder social Carlos Manzo y la destitución en la víspera del secretario de Seguridad Pública, Juan Carlos Oseguera, que a su vez desató una sacudida interna que movió piezas en la estructura de seguridad. Con ese reacomodo fresco, la delincuencia organizada pareció medirle el pulso al Estado.
Aun sin confirmación gubernamental, dentro y fuera de los círculos policiales ya se percibe un cambio en la manera en que se están tomando las decisiones de seguridad. Se habla de una operación más vertical, más estricta y más enfocada en golpear estructuras, una línea que muchos asocian con la llegada de Omar García Harfuch al mando .
Y es evidente que la intención política es mandar señales: mostrar autoridad, limpiar mandos, reconfigurar la cadena de mando, recuperar control territorial. Las destituciones del domingo llevan esa firma. La búsqueda del Camaleón también: un golpe directo a una pieza del CJNG que le había crecido demasiado al Estado.
El problema es que el estilo García Harfuch —operativos de alto impacto, mensajes de fuerza, estrategias verticales— exige precisión. Y hoy la precisión falló. La fuga del Camaleón lo dejó claro.
La ironía
El operativo pudo ser el mensaje contundente de la nueva etapa de seguridad. Pero terminó siendo, irónicamente, la postal de siempre: un objetivo prioritario que huye entre brechas, estructuras infiltradas y un Estado que corre detrás de su propia estrategia.
Mientras se anunciaba una reestructura interna inspirada en disciplina y control, El Camaleón se esfuma como si nada, dejando atrás carreteras incendiadas y una respuesta criminal que demuestra que, por ahora, el CJNG sigue mandando señales más fuertes que el gobierno.
Y a pesar de la magnitud de lo ocurrido, hasta las 21 horas ninguna autoridad federal o estatal había informado detalles del operativo. La sociedad quedó en incertidumbre, atrapada entre rumores, fuego cruzado en las redes sociales y falta de orientación institucional.
El Estado intenta recomponer la casa y desplegar una versión más firme de su estrategia de seguridad. Pero el CJNG no sólo respondió: marcó territorio, exhibió capacidad de reacción y dejó claro que también sabe leer los cambios políticos.
Hoy quedó demostrado que la mano dura puede sentirse, pero todavía no alcanza para cerrar los huecos por donde se escapan los criminales que más daño causan…




