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MORELIA, Mich., 5 de enero de 2026.- Un día como hoy, 5 de enero, pero de 2005, astrónomos confirmaron el descubrimiento de Eris, un objeto ubicado en los confines del sistema solar que terminaría provocando uno de los debates más importantes de la astronomía moderna. Su hallazgo no solo amplió el catálogo de cuerpos celestes conocidos, sino que obligó a la ciencia a replantear qué significa realmente la palabra “planeta”.
De acuerdo con información de NASA Science, Eris fue identificado por un equipo encabezado por el astrónomo Mike Brown, del Instituto de Tecnología de California, durante la observación de objetos más allá de la órbita de Neptuno, en una región conocida como el cinturón de Kuiper. Desde el inicio, llamó la atención porque parecía ser tan grande o incluso más masivo que Plutón, lo que abrió una pregunta clave: si Plutón era considerado un planeta, ¿por qué Eris no debía serlo también?
El debate llegó a su punto máximo en 2006, cuando la Unión Astronómica Internacional decidió redefinir oficialmente qué es un planeta. A partir de ese momento, Plutón dejó de ser clasificado como tal y se creó una nueva categoría: los planetas enanos, en la que Eris quedó incluido. Este cambio marcó un antes y un después en la astronomía y modificó los libros de ciencia en todo el mundo.
Más allá de su impacto histórico, Eris es relevante porque ayuda a los científicos a entender cómo se formó el sistema solar y qué tipo de objetos existen en sus regiones más lejanas. Se trata de un mundo extremadamente frío, con una órbita muy alargada y una superficie cubierta de hielos que reflejan gran parte de la luz solar. Además, el estudio de su luna, Disnomia, ha permitido calcular con mayor precisión su masa y composición.
A casi dos décadas de su descubrimiento, Eris sigue siendo un símbolo de cómo la ciencia evoluciona.




