Encabeza DIF Michoacán Encuentro de Enlaces Comunitarios en Opopeo
MORELIA, Mich., 21 de mayo de 2026. - En Morelia, los perros callejeros duermen bajo las bancas de las plazas y escarban entre bolsas rotas de basura en busca de comida. No llegaron ahí por su voluntad, cómo tampoco lo hacen los 75 canes, gatos y hasta un caballo resguardados en el Instituto Moreliano de Protección Animal.

En la calle algunos sobreviven gracias a restos de pollo, tortillas endurecidas o al gesto aislado de vecinos que dejan agua en una cubeta o croquetas sobre la banqueta.

La escena no es nueva. Se repite en colonias populares, avenidas principales y callejones del Centro Histórico como parte del paisaje urbano que la ciudad aprendió a mirar sin detenerse demasiado.
Pero en el seno de los hogares muchos también viven carencias, golpes, están asoleados en los patios o azoteas. Los usan como maquila para venderlos, cómo quien vende una silla o un celular. Eso ha quedado documentado por la dependencia.
En un recorrido hecho por Quadratín en el Instituto conocimos a Abba, una verdadera sobreviviente de la violencia de la que puede ser capaz el ser humano.
Abba es una pitbull joven. Tiene 2 años y medio, cargada de cicatrices. Tiene daños en su sistema nervioso que le hace tener un toc por un moquillo que no trato el cuidador, quien además la usaba para practicas de zoofilia. Este can que parece imponente esta llena de energía y mucho entusiasmo, a pesar de que podría pensarse que luego de las experiencias que le tocaron sería arisca o agresiva.

Junto a Abba están otros 16 canes. Y, no, no son la mayoría mestizos o caramelos. Hay pisher, pitbuls, pastores alemán, huskys y otras razas consideradas costosas en el mercado de la cosificación de los seres sintientes.
Y, si bien se llega a cuestionar que son sacrificados poco después de se ingreso al albergue, la evidencia dice lo contrario.
Hittler es un pisher que llegó hace casi ocho años, luego de que fuera denunciado su dueño que lo usaba para reproducirse y vender los cachorros.

Es un perro geronte, pero sigue siendo alegre e inquieto, a pesar de los años y de sus kilos, como Gordo, un pitbull de unos 50 kilos, que es considerado el guardián del Centro. Es amigable, a pesar de su aspecto rudo. Y así como Hittler, lleva ocho años esperando un hogar.
La presencia de estos animales no apareció por azar. Detrás de cada perro Abandonado o maltratado existe una cadena de decisiones humanas atravesadas por la indiferencia y la cosificación de los animales.
Muchas personas los adquieren como si fueran objetos de consumo: se compran, se exhiben, se utilizan y después se desechan. Bajo una visión antropocéntrica, en la que el ser humano se coloca como centro absoluto de todo cuanto existe, los perros, gatos y otros animales de compañía quedan reducidos a bienes prescindibles, incapaces de ser reconocidos como seres vivos que comparten el mismo territorio.
Así, los animales domesticados por el propio hombre terminaron atrapados en un espacio contradictorio: ya no pertenecen a la naturaleza y tampoco encuentran un lugar seguro entre las personas.

No los quieren dentro de las casas y tampoco en las calles.
En las colonias suelen ser señalados como agresivos, peligrosos o responsables de mordeduras y ataques a otros animales y personas, aunque buena parte de esas conductas responden al abandono, al hambre y a la falta de cuidados.




