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MORELIA, Mich., 5 de octubre de 2026.-¿Qué ocurriría si un rayo de partículas atravesara tu cabeza? Para Anatoli Bugorski, la pregunta dejó de ser hipotética el 13 de julio de 1978. El físico soviético estaba trabajando con un acelerador de partículas cuando, en medio de una revisión técnica, quedó accidentalmente en el camino de un haz de protones de altísima energía. El haz atravesó su cabeza. Bugorski sobrevivió.
El accidente ocurrió en el Instituto de Física de Alta Energía de Protvino, donde los científicos trabajaban con el U-70, un enorme sincrotrón que había alcanzado los 76 GeV y que llegó a ser considerado uno de los aceleradores de protones más potentes de su época. El CERN, que documentó la historia del laboratorio, señala que el U-70 alcanzó esa energía récord en 1967. Décadas después, el Institute of Physics retomó el caso de Bugorski y confirmó que fue alcanzado por uno de sus haces de protones.
Bugorski estaba revisando un componente que presentaba problemas cuando su cabeza quedó en la trayectoria del haz. En apenas una fracción de segundo, los protones atravesaron su cabeza. Él contó posteriormente que vio un destello que le pareció más brillante que mil soles, aunque no sintió dolor en ese instante. Lo que sí llegó después fue la evidencia del enorme daño provocado por la radiación.
El lado izquierdo de su rostro comenzó a inflamarse y, con el paso de los días, aparecieron lesiones a lo largo de la trayectoria que habían seguido las partículas. El accidente le provocó parálisis permanente en la mitad izquierda del rostro, pérdida de audición de ese lado y, posteriormente, episodios convulsivos. Sin embargo, algo que sorprendió todavía más a los médicos fue que su capacidad intelectual no quedó gravemente afectada. Bugorski pudo continuar sus estudios, completar su doctorado y regresar al trabajo científico.
Aquí está la parte que hace que su historia parezca imposible. La radiación recibida por los tejidos en el recorrido del haz fue enorme, pero no se distribuyó por todo su cuerpo. Los protones viajaron por una trayectoria extremadamente estrecha, provocando un daño brutal en los tejidos que encontraron a su paso, mientras que el resto de su organismo recibió una exposición muy diferente. Esa distribución localizada es fundamental para entender por qué una persona pudo sobrevivir a un accidente que, visto solamente a través de las cifras de radiación, parecería incompatible con la vida.
Bugorski tampoco quedó simplemente como una víctima de aquel accidente. Después de recuperarse, continuó vinculado al mismo centro de investigación y siguió trabajando en física de partículas. Su caso se convirtió en uno de los ejemplos más extraordinarios de exposición humana directa a un haz de partículas de alta energía y, décadas después, incluso se han realizado reconstrucciones digitales para intentar representar el recorrido que siguieron los protones por su cabeza.
Anatoli Bugorski no murió aquel día. Nacido en 1942, los reportes disponibles lo sitúan como sobreviviente del accidente. Con 84 años, el hombre que en 1978 quedó accidentalmente en el camino de un haz de protones que atravesó su cabeza consiguió sobrevivir durante décadas y convertirse, paradójicamente, en parte de la historia científica del mismo acelerador que casi le costó la vida.
Enlace de la fuente: Stories from physics: Electricity & Magnetism | IOPSpark
https://cerncourier.com/a/forty-years-of-high-energy-physics-in-protvino/




