MORELIA Mich., 4 de abril de 2020.- Cuenta el viejo y conocido refrán que al que madruga, Dios le ayuda.


Y eso es lo que procura Aristeo Calderón Moreno, El Cantinflas.


Aristeo es un hombre que ya pasa de los 60 años.


Religiosamente se levanta a las 3 y se dirige hacia la Central de Abastos para surtirse de su materia prima: el cilantro.


Dice que la crisis del diablovirus le afectó en las ventas.


Son las 11 y El Cantinflas apenas logró una venta de 50 manojos de la aromática hierba.


“Ya salió pa’ los frijolitos”, agradece, mientras le echa matemáticas y confirma que hoy se lleva alrededor de los 200 pesos.


El Cantinflas es como muchos de los que diariamente se mueven en las calles de la Central de Abastos.


Se apoya en un changuito, camina por puestos y bodegas, ofreciendo la mercancía, mientras se avienta unos buches de mezcal.


Es un hombre humilde, folclórico, de sabiduría popular, práctico, conocido entre los de la Central de Abastos.


No pierde el ánimo ni el buen sentido del humor, pese a la advertencia de que quizá en breve se tenga que confinar en su hogar, humilde seguramente, debido a la contingencia sanitaria.

En 35 años de trabajo cotidiano, hoy es la primera vez que siente la amenaza.


Sin embargo, antepone la necesidad de mantener a la familia, de sacar para subsistir.


“¡No se puede!”, comenta.


Es la tercera semana de contingencia y personas como El Cantinflas ven más reducidas sus posibilidades de trabajar y llevar el alimento a las mesa de sus hogares.