Vuelca camioneta tras choque en la avenida Décima de Morelia
Ante un magnífico novillo de Espíritu Santo, la novillera gaditana Miriam Cabas volvió a destapar el pomo de las esencias y a conectar con una multitud que llenó hasta las banderas la Plaza de Toros “Rodolfo Gaona” en Villa de Reyes, San Luis Potosí, donde fue paseada en andas al centro de una aclamación generalizada que hizo escuchar su nombre y el grito consagratorio de “torero, torero, torero”, lo que ella recibió con una sonrisa de satisfacción y beneplácito.
Fue una tarde histórica para los villanos monárquicos y potosinos, porque el cartel lo integraron la española poderdante de Tomasina, presidenta de las fundaciones Ángeles Taurinos y Ángeles en las Estrellas, quien alternó con el guanajuatense Enrique de Ayala, el potosino Alan Jiménez y el también español Antolín Jiménez, quienes salieron a jugarse la vida ante toros de Pepe Garfias de juego variado, frente a los que derrocharon deseos de agradar la tercia de coletudos.
BEUNA TARDE
El resultado fue de bueno a excelente en términos generales, gracias a que la gente se metió masivamente a la Rodolfo Gaona, además se vivieron muy buenas faenas y se cortaron 5 orejas, asimismo porque el burel del Espíritu Santo fue de bravura y nobleza notables y, el tercero de Pepe Garfias, cuarto de la tarde, también fue de notas destacadas, e igualmente porque se disfrutó a plenitud, tanto así que al final de la novillada el público salió toreando de la plaza.
GADITANA
Miriam Cabas transmitió confianza y gozo desde que se abrió de capa y desarrolló un trasteo sutil, aseado y de transmisión, por lo que el respetable le ovacionó una tanda sí y la otra también; con la muleta se adueñó del escenario, situación y circunstancia con pases de oreja a rabo y remates que provocaron el olé larguísimo y sonoro de una afición que disfrutaba tanto como la novillera española que gustaba, se gustaba y se adueñó del magnífico ejemplar y satisfizo al respetable.
La discípula del matador venezolano y mexicano Leonardo Benítez supo entender desde el primer instante al novillo enviado por doña Paulina Gordoa Mercado, propietaria de la ganadería Espíritu Santo, esa que pasta en la fracción de la Ex Hacienda de Santo Domingo, misma que se localiza en Santa María del Río, San Luis Potosí y la que torea con divisa negro, blanco y rojo desde 1969, año de su fundación. Sí, Cabas se prodigó y estuvo certera con el acero. Dos orejas.
EL ANDALUZ
El cierra plaza fue un gran novillo procedente de la casa ganadera potosina de Pepe Garfias, propiedad de don José Antonio Garfias Montero, quien tiene su dehesa en una fracción de la Ex Hacienda de Santiago, rancho ubicado en Villa de Arriaga, San Luis Potosí, misma que torea con la divisa naranja y morado desde el año de su fundación, 1976, misma que fue iniciada con 100 vientres de De Santiago y 3 sementales de Garfias.
Tocó en suerte al novillero andaluz Antolín Jiménez ese espléndido novillo de Pepe Garfias con el que comulgo de principio a fin, desde el saludo capotero, hasta que se dispuso a ejecutar la suerte suprema. Conectó fuertemente con los tendidos, gracias a que el burel transmitía mucho y a que él supo acoplarse al tipo de embestida, corrió capa y muleta con lentitud, dibujó tandas de seda y luz y se mostro como un novillero de hondo acento. Metió el acero en buen sitio y recibió dos orejas.
DEBUTANTE
El joven Alan Jiménez, novillero originario de Villa de Reyes, San Luis Potosí, corrió con la suerte de debutar vestido de luces ante un muy buen novillo de Pepe Garfias, el que se dejaba meter mano, iba con claridad a la muleta y metía muy bien la cabeza. El chaval no s guardó nada y aunque por momentos dejó ver cierto grado de nerviosismo, logró pinturear dos buenas tandas que le fueron jaleadas por la afición. Acertó en segundo viaje y cortó una oreja.
MALO
El novillero guanajuatense, primer espada de la tarde, no tuvo suerte en el sorteo. Le tocó el lunar del encierro, un novillo de Pepe Garfias con muy malas ideas, al que Enrique Ayala le buscó la condición y al que no pudo encontrarle la cuadratura porque le daba constantes arreones. El chaval insistió, persistió y se arrimó sin encontrar la contribución mínima necesaria del novillo que, incluso, acusó mansedumbre y rispidez. El coleta se retiró en silencio. Así sea.