Visita de Sheinbaum fortalece apoyo estratégico a Michoacán
MORELIA, Mich., 26 de mayo de 2026.- Hubo una época en la que las personas podían elegir entre comprar una elegante casa en Ámsterdam… o unos cuantos tulipanes. Y aunque hoy parece una exageración imposible, en el siglo 17 miles de personas realmente gastaron fortunas enteras en flores, provocando uno de los fenómenos económicos más extraños de la historia, la Tulipomanía.
De acuerdo con investigaciones de la University of Oxford, los tulipanes llegaron a Europa desde el Imperio Otomano y rápidamente se convirtieron en símbolo de lujo y estatus entre las familias adineradas de los Países Bajos. Las variedades más raras tenían vetas y manchas únicas sobre sus pétalos, algo que en realidad era provocado por un virus vegetal. Mientras más extraño era el diseño, más valioso se volvía el tulipán.
Con el paso de los años, la gente dejó de comprarlos solo por belleza y comenzó a verlos como inversiones milagrosas. Comerciantes, agricultores y hasta trabajadores comunes gastaban sus ahorros completos esperando revender los bulbos a precios todavía más altos. La variedad más famosa fue el Semper Augustus, un tulipán blanco con vetas rojas tan raro que apenas existían algunos ejemplares en todo el país.
En el punto más alto de la locura, un solo bulbo llegó a venderse por entre 5 mil y 10 mil guilders neerlandeses. Para dimensionar la cifra, un trabajador especializado ganaba alrededor de 300 guilders al año, mientras que una casa elegante en Ámsterdam podía costar menos que algunos tulipanes raros. Historiadores estiman que ciertos bulbos habrían equivalido actualmente a entre 6 y más de 18 millones de pesos mexicanos.
Los registros históricos muestran que algunas personas intercambiaban ganado, cerveza, muebles, terrenos e incluso propiedades completas por tulipanes exclusivos. También comenzaron a venderse contratos de flores que todavía ni siquiera habían crecido, algo que hoy recuerda mucho a las inversiones especulativas modernas y a fenómenos como las criptomonedas o los NFTs.
Pero toda la fiebre terminó de golpe. En 1637 dejaron de aparecer compradores y el mercado colapsó en cuestión de días. Los precios se desplomaron brutalmente y muchas personas perdieron fortunas enteras casi de la noche a la mañana, después de haber apostado todos sus ahorros a una flor.
Lo que durante meses parecía el negocio más seguro y rentable de Europa terminó convertido en una de las caídas financieras más extrañas y absurdas jamás registradas.