MORELIA, Mich., 10 de febrero de 2019.- La Iglesia Católica carece de registros de casos de abuso sexual o de autoridad cometidos por sacerdotes en contra de religiosas en la capital michoacana, aseveró Herculano Medina Garfias, obispo auxiliar de Morelia.

No obstante, esta falta de conocimiento de incidentes por parte de autoridades civiles o eclesiásticas no implica que no se tenga conocimiento de estas situaciones.

Luego que el papa Francisco reconociera la existencia de abuso sexual cometido por sacerdotes en contra de mujeres pertenecientes a congregaciones católicas, Medina Garfias señaló que “he sabido de algunos casos, que no representan la generalidad de los sacerdotes”.

No obstante, no se dispone de datos que permitan dimensionar este fenómeno, ya que en su mayor parte se dan a conocer en secreto de confesión, lo que impide al clérigo denunciar los actos ante un tribunal religioso o civil.

Reiteró que la interposición de una queja o denuncia corresponde a la víctima, por lo que el sacerdote que tenga acceso a información sobre estos fenómenos a través de la confesión está imposibilitado para hablar sobre estos, debido a que sería excomulgado de la Iglesia Católica.

La opción con que cuentan es animar a la víctima a que acuda a denunciar; sólo en el supuesto de que tuvieran indicios de la comisión de estos delitos por otros medios, se encuentran obligados a no encubrir al perpetrador, ya que en estas circunstancias guardar silencio también es una causal de excomunión.

A su retorno de su estadía en Emiratos Árabes Unidos, Francisco reconoció la existencia de abuso sexual de mujeres religiosas por parte de sacerdotes, lo que motivó que Benedicto XVI se viera orillado a la clausura de una orden femenina en Francia.

La gravedad de estos incidentes se evidenció con la detección de una monja, cuya nacionalidad o identidad declinó especificar, que era mantenida como esclava sexual; la revista dirigida a mujeres de El Vaticano, Women Church World, denunció que producto de los abusos a las monjas se producían embarazos que las víctimas eran obligadas a interrumpir, pese al rechazo de la Iglesia Católica al aborto.