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MORELIA, Mich., 5 de junio de 2026.- En Michoacán, la vivienda abandonada no siempre se encuentra en fraccionamientos urbanos. También aparece en comunidades rurales, donde las puertas permanecen cerradas durante años, los patios se cubren de maleza y las parcelas dejaron de producir.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía registran 313 mil 707 viviendas deshabitadas en la entidad.
Detrás de ese número existe una realidad que no siempre aparece en los programas de vivienda: pueblos donde la ausencia de habitantes modificó el paisaje comunitario.
Aunque Morelia encabeza la estadística estatal con 61 mil 254 viviendas desocupadas, el fenómeno también se expresa en municipios que durante décadas registraron migración constante, cómo Uruapan, Zamora y Tarímbaro, que le siguen a Morelia en ese orden.
En regiones de la Sierra-Costa, Tierra Caliente y parte del Bajío michoacano, las casas vacías son consecuencia de procesos distintos. Algunas familias migraron hacia Estados Unidos. Otras se trasladaron a ciudades como Morelia, Guadalajara o Querétaro. También existen comunidades donde la violencia provocó desplazamientos y abandonos de propiedades.
Apatzingán, Buenavista, Aquila, Coalcomán y Zitácuaro se encuentran en los municipios con más desplazamiento forzado. Familias qué de un momento a otro dejaron sus casas, cosechas y ganado.
En algunos casos, las familias pierden incluso la posesión de los inmuebles ante ocupaciones irregulares o despojos atribuidos a grupos criminales que aprovechan la ausencia prolongada de los propietarios.
La vivienda abandonada rara vez aparece sola. En el campo, un costado o muy cerca suelen encontrarse parcelas que también dejaron de cultivarse.
Son terrenos que durante décadas produjeron maíz, frijol o sorgo y que hoy muestran maleza, arbustos y cercas deterioradas.
Las tierras de labor se han convertido en testigos silenciosos de otro fenómeno: el cambio de oficio entre generaciones.
Según el Censo Agropecuario, del Inegi, las estimaciones es de 31 mil 299 unidades o parcelas que estan ociosas. Esta es una cifra parcial, que si bien no representa el universo de aquellos casos donde las personas migran, son desplazados o cambian de oficio dentro de la familia.
Los hijos y nietos de campesinos optaron por empleos en ciudades, actividades comerciales, servicios o migración internacional. La agricultura dejó de representar una alternativa económica para numerosas familias.
La transformación del campo también modificó la vida cotidiana de los pueblos.
Las cifras oficiales también muestran que municipios como Coalcomán, Aguililla y Tumbiscatío han registrado disminución de población. En esos territorios, la reducción de habitantes se refleja tanto en la demanda de vivienda como en la ocupación de la tierra.
Porque en numerosos pueblos de Michoacán la ausencia no sólo se cuenta en personas. También puede observarse en las viviendas que nadie habita, en los terrenos que nadie siembra y en los espacios comunitarios que esperan el regreso de quienes un día se fueron.




