MORELIA, Mich, 25 de septiembre de 2015.- Con una secuencia de canciones que rememoran varios momentos cruciales en la vida del compositor y cantante invitado, el auditorio del Centro Cultural Universitario, vibró al son de la voz e instrumentos de David Filio y sus amigos.

De acuerdo a un comunicado de prensa, al reconocer un gran cariño que lo une a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el también miembro del dueto “Mexicanto”, dijo que la música es necesaria en esta sociedad y reconoció el esfuerzo que el rector de la Casa de Hidalgo, Medardo Serna González, ha hecho por hacer de la Universidad, un centro de difusión cultural.

Inició con la canción que da título a la nueva producción, en la que hace un exhorto a la humanidad por luchar por una vida digna, letra eminentemente con contenido social, dedicada al país y al mundo en una sociedad contemporánea en la que pareciera que nada tiene valor.

Posteriormente llevó al público a un viaje por su propia vida, comenzando por el recuerdo de los sonidos en el vientre de su madre, Filia, de quien heredó su gusto por la música, después siguió el recuerdo de su sensación de soledad y nostalgia, cuando su hija mayor, Laura, decidió irse a viajar y fundar una editorial a la que llamaría “Barquito de Papel” al igual que la canción que interpretó a solas, con su guitarra.

En presencia de la maestra en ciencias Griselda Morales Vázquez, esposa del rector Medardo Serna; del secretario de Extensión y Difusión Universitaria, Orlando Vallejo Figueroa; del coordinador de Planeación Universitaria, Carlos Alberto León Patiño; así como funcionarios, docentes, alumnos y público en general, David Filio desgranó una a una las canciones de su nuevo álbum discográfico “Vale la Pena”.

Fue momento entonces de invitar a “sus amigos” al escenario, todos ellos miembros de su ensamble musical: teclados, batería, bajo y guitarra eléctrica, una generación más joven que Filio, por lo que por lo menos a un par de ellos conoció desde que nacieron. Esta cercanía fue evidente a lo largo de la interpretación de varias canciones, en las cuales con solo mirarse, adivinaban acordes e improvisaciones que fueron del gusto de la audiencia.

Recordó a su hijo, quien a los seis años quería jugar futbol con él, mientras su trabajo le impedía hacerlo, ya que tenía que componer una canción con las noticias de manera semanal para el programa de Brozo, sin embargo, en el paréntesis que abrió para atender al pequeño surgió un juego que después se volvió canción, que alude al poder de las nuevas generaciones para crear una nueva realidad.

Irrumpió en el escenario una sorpresa, dentro de esta espiral de recuerdos: su hija menor, Bego, quien decidió seguir los pasos de su padre y ser compositora e intérprete. Una tercia de piezas, dos en español y una en inglés, acompañada por su guitarra, trajeron un aire fresco al escenario, con una voz dulce y clara, un nerviosismo propio de su juventud y finalmente el abrazo en el escenario con un audible “gracias papá”.

Siguieron las canciones entre el jazz y la trova, al amor, a la madre de sus hijos, alternando con una parte de canciones fuera de programa en la que cada uno de “sus amigos”, como llama a los integrantes de su grupo, demostró su habilidad en el manejo de su instrumento.

Con la sencillez que comenzó el concierto, así concluyó, luego de una canción dedicada a la directora del CCU, Yareri Sánchez Magaña, dejó la guitarra a un lado, en su base y con un abrazo entre los integrantes del grupo y una seña de adiós con las manos, culminó el concierto.