MORELIA, Mich., 15 de septiembre de 2015.- Para Angélica Yazmín Bucio Guzmán la vida cambió de un momento a otro; lo que inició como un festejo terminó como un capítulo negro; el atentado de 2008 le dejó secuelas, por lo que hoy pide atención psicológica y apoyo económico.

La noche del 15 de septiembre de 2008 acudió por primera vez a festejar el tradicional Grito de Independencia y a partir de ahí ve el festejo patrio como una fecha dolorosa y con tintes nostálgicos que le recuerdan cómo la vida puede dar un giro de manera sorpresiva.

“Les pido al gobierno y a los que están con el gobierno, que noa apoyen y no se olviden de nosotros porque todavía requerimos de hospital, medicina, psicología, de todo eso queremos y que no nos olviden porque ya ahorita se acuerdan cada año de nosotros”.

Junto con ella, los daños colaterales de las granadas alcanzaron a siete integrantes de su familia; la mayoría con fracturas en los pies; a uno de sus tíos fue necesario colocarle cuatro placas de su cadera a la rodilla. Aunque requiere de otra cirugía, él se rehúsa porque ya no puede caminar.

Como los apoyos les fueron retirados, deben solventar los gastos por su cuenta; en su caso, entre lágrimas aseveró que lo que más pide es atención psicológica: “Lo que ocupo yo más que nada es psicología para sacar lo que traigo, al principio sí nos apoyaban pero después ya no, solo fueron los dos primeros años”.

Este incidente afectó su rutina, pues ante las lesiones que sufrió ya no puede trabajar de la manera que lo hacía antes porque no puede permanecer de pie por lapsos prolongados de tiempo, ya que le lastiman, al igual que su mano, que le duele con el frío, todo provocado por las esquirlas de las granadas.

“Hemos hecho reuniones para exigir que nos apoyen y que no se olviden de uno pero nos han dicho que ya no nos van a apoyar porque ya no hay recursos; para mí esta fecha ya es un día más, no de festejo”.

Recuerda que el momento fue impactante, de un instante a otro cientos de heridos tendidos en la calle, ella incluida; esto le dejó heridas en ambas manos, lo cual requirió un injerto del hueso de la cadera. Otra marca fue en las piernas, las cuales muestran varias cicatrices.

Su mamá, María Trinidad Bucio, les había dicho que no acudieran ya que el número de gente era tanto que se empujaban y no cabían en la explanada, pero decidieron ir para conocer cómo se celebraba “el famoso Grito”, y la tragedia los alcanzó, los marcó y los dejó hundidos en una situación de la que han salido poco a poco pero que sin duda, será imborrable.