MORELIA, Mich., 16 de febrero de 2016.- La pérdida fue total para quienes pensaron en ganar unos pesos ofertando comida a los peregrinos que vinieron a ver al Papa Francisco porque no arribaron los que se esperaban y los que llegaron lo hicieron tarde.

Los que aguantaron desde el sábado hasta el mediodía de este martes algo vendieron, pero no alcanzaron a recuperar la inversión dice Mónica, una comerciante no profesional, como muchos otros que aprovecharon la ocasión para buscar un ingreso adicional.

Son pocos los oferentes que quedan en el campamento provisional habilitado por el ayuntamiento moreliano, en las canchas de futbol de la Unidad Deportiva Cuauhtémoc, la mayoría desertaron desde la tarde del lunes, cuando entendieron que no iban a vender la comida que prepararon y que ya se estaba echando a perder.

Los peregrinos comenzaron a llegar tarde, casi en la noche del lunes y aunque al estacionamiento aledaño a lo que sería el campamento llegaron 83 autobuses, la gente no acampó, dormitaron un rato a bordo de los autobuses.

Llegaron pocos porque nadie les decía a los choferes como llegar y si de casualidad daban con el deportivo encontraban la puerta cerrada por lo que los elementos de la Fuerza Ciudadana que habían estado cuidando se fueron a dormir y regresaron hasta las seis de la mañana.

Los oferentes que apenas están levantando sus puestos se quejan del abandono de la autoridad ya que no cumplió con los apoyos ofrecidos como energía eléctrica y seguridad y cuando empezaron a reclamar sencillamente les contestaban: “Nadie los obligó a venir”.

Tampoco escucharon su llamado de auxilio para ser reubicados ya que, dicen: nos ofrecieron irnos a la Plaza Monumental o al Deportivo Bicentenario, pero sin garantía alguna de que nos permitieran instalarnos.

La derrama económica que se preveía únicamente fue para las grandes tiendas a las que los 535 comerciantes instalados en el campamento provisional fueron a surtirse ya que para ello fueron puras pérdidas y no solo de la comida que prepararon sino el abandono en que dejaron a sus hijos durante cuatro días.