MORELIA, Mich., 16 de febrero de 2016.- Febrero 2016.- Hice bien. No me acredité para cubrir al Papa Francisco. Pude hacerlo pero opté por vivir la experiencia de verlo al ras del suelo. De la oficina de Quadratín, en Valle Quieto,  al Acueducto –a un costado de Rebullones- hice escasos 8 minutos. La ciudad prácticamente se encontraba sola. La calzada Juárez, Lago de Pátzcuaro y Lázaro Cárdenas lucían prácticamente desiertas.

Sobre el Acueducto miles de personas esperaban al Máximo Jerarca de la Iglesia Católica, los voluntarios hacían esfuerzos para mantener el orden. 30 minutos antes de que cruzara por el lugar todavía había espacios suficientes y “de primera fila”, mejores sin lugar a dudas que los asignados en el estadio “Venustiano Carranza” y “José María Morelos”.

La expectación crecía, un grupo de trabajadores del Hospital Civil llegó a toda prisa y trató de agandallarse la primera fila, obvio no se les permitió y tuvo que buscar otro espacio mismo que alcanzó unos pasos más delante. Seguramente enfermeras y galenos dejaron al Espíritu Santo de guardia en el nosocomio.

Los voluntarios cubrían las vallas desde las 4 de la mañana, “estábamos preocupados porque eran las 10 y no había casi gente”. A un lado una familia moreliana está a la espera del paso del Sumo Pontífice, “debes estar muy atenta porque será muy rápido el cruce” le decía el señor a su pareja, mientras sostenía a una jovencita con problemas físicos para sostenerse en pie.

A un lado una mujer rondando los 40-45 años (con cuerpo que envidiaría cualquier chica de 25 o 30) se hacía acompañar por 2 de sus hijos. “Yo vengo de Guanajuato y me inscribí para participar en las vallas, me tocó por la salida a Charo y escuché que había poca gente y decidí volver a instalarme, la verdad no entiendo porque los morelianos no aprovecharon esta ocasión excepcional para verlo pasar”, le decía a una de las voluntarias.

Finalmente la expectación se desbordó: El avance de los motociclistas abriendo paso hacía inevitable el encuentro, las porras se incrementaron, los celulares se alzaron y todos trataban de captar la mejor imagen. Yo, yo solo observaba aunque no pude resistir la tentación de hacer un disparo fotográfico. Mi atención estaba centrada en su paso, en su rostro, en su mirada. Fue rápido, fue fugaz, fue emocionante. Literal: “La sangre al piso”. Fue como una descarga, como un vacío que se produce cuando en el auto pasas por un vado inesperado o en un vuelo de avión la aeronave cruza una pequeña bolsa de aire.

Ahora ya estoy en redacción. Creo que me pondré a trabajar y si es posible intentaré otro acercamiento…