CIUDAD DE MÉXICO, 23 de abril de 2016.- Una persona puede presentar intolerancia a la lactosa cuando el intestino delgado no es capaz de digerirla porque no se produce la cantidad suficiente de enzima lactasa, necesaria para degradar a la lactosa. Se estima que –en promedio– el 11 por ciento de la población mexicana sufre de este problema.

Según un comunicado, la lactosa forma parte del grupo de los carbohidratos –azúcares– y está presente en la leche de los mamíferos y sus derivados.

Los síntomas se presentan luego de tomar o comer leche o productos lácteos y pueden incluir distensión abdominal, cólicos abdominales, diarrea, gases y/o náuseas, síntomas que, en la mayoría de los casos, desaparecen al eliminarlos.

Existen personas que son capaces de ingerir poca leche o productos lácteos sin presentar síntomas pero si consumen porciones más grandes, por ejemplo, una taza, aparecen los síntomas típicos de la intolerancia a la lactosa.

Uno de los mayores problemas con este padecimiento, es una deficiencia de calcio, vitamina D, riboflavina y proteínas, por lo que es necesario que el médico diagnostique esta afección con el fin de que se busquen fuentes alternas de estos nutrimentos.