MORELIA, Mich., 26 de junio de 2011.-“¡No por usar faldita, soy una putita!” gritaba con enorme enjundia Aracely, una chava de 17 años que, acompañada de su amiga Rocío, portaban cartulinas que advertían “¡no soy una vagina más!”.Ella, al igual que unas 300 morelianas y algunos morelianos, se asumieron este domingo como “putas”, por el hecho de salir a la calle y marchar en pos de defender su libre pensamiento, su libre determinación, pero sobre todo su libertad para pensar, vestirse, hacer el amor ó coger, exigiendo el respeto de los hombres, de los machos, de aquellos que dicen “nos encueran con la pura mirada”.Así fue que en Morelia se llevó a cabo la mañana de este domingo la réplica de la Marcha de las Putas, movimiento internacional nacido en Canadá, que hace 15 días se manifestó en la Ciudad de México también con una marcha similar, que tiene por objeto generar la conciencia de una sociedad.“Yo espero que la gente se haga responsable de su cuerpo, de sus actos, que empiece a trabajar desde adentro de sus hogares, de sus trabajos, y poner en práctica el respeto a la mujer, que empecemos a cambiar actitudes y trabajemos en el problema de la agresión hacia el género femenino a partir de la concientización”, expuso Erika Torreblanca, una de las organizadoras.“En Tierra Caliente vemos que es normal nalguear a las niñas, a las mujeres, debemos erradicar esa cultura, eliminar estereotipos de que a la mujer se le puede tratar como al hombre se le plazca”, agregó la activista, quien informó que además de Morelia, en Puebla también se realizó La Marcha de las Putas, lo cual consideró simbólico al ser dos ciudades “de difícil mentalidad”.Así, La Marcha de las Putas en su versión moreliana se convirtió en un grito generalizado hacia el género masculino, contra el machismo “si una es puta todos somos”, incluyendo las abuelas, las hermanas, las hijas, las nietas, de cada hombre que llama “puta” a una mujer, ya sea solo por su forma de vestir, de hablar, de ser.Madres y padres de familia que acompañaron a sus hijas y viceversa; activistas con minifalda ó pantalones embarrados; chavas de pudor desinhibido por la urgencia de pedir respeto; abuelas que portaban pancartas exigiendo la eliminación del machismo; hombres que empujaban la carreola de su hija mientras mamá gritaba por la equidad de género, ellos fueron los que salieron a marchar. “¡Escucha acosador no me gusta el arrimón! ¡Discreta ó coqueta soy mujer se me respeta!” animaban los gritos a manera de porras, a manera de alzar la voz, a manera de dejarse escuchar a lo largo de la avenida Acueducto, haciendo una significativa escala frente a la XXXI Zona Militar, para pedir el respeto también de las instituciones hacia el sexo femenino.“No importa que seamos doctoras, licenciadas, arquitectas, sirvientas o soldados, a todas se nos debe un respeto por igual” exclamó Yazmin Aburto como parte de las consignas pronunciadas al final de la marcha, la cual desembocó en la plaza Morelos.