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MORELIA, Mich., 15 de febrero de 2026.- Cualquiera firmaría un guion cinematográfico con esta trama: un galardonado y exitoso científico mexicano dedicado a la microbiología molecular es acusado de ser espía ruso por el gobierno de los Estados Unidos; una conspiración internacional entre tlayudas, hamburguesas y pelmenis.
Se trata del científico de origen oaxaqueño, Héctor Alejandro Cabrera, quien en una charla con Francisco García Davish, director general de la Agencia Quadratín, contó cómo lleva su vida actualmente tras vivir esta experiencia que le ha fortalecido de alguna manera, y le dio oportunidad de tener un aprendizaje.
El perfil
Héctor Alejandro contó que se formó en Rusia como microbiólogo, después hizo microbiología molecular para así continuar con la microbiología molecular aplicada al cáncer, y actualmente está especializado en enfermedades cardiovasculares, a fin de determinar nuevos objetivos para prevenir infartos y el desarrollo de la falla cardíaca.
Con estudios en Rusia y en Alemania, el científico es actualmente investigador en el área de biomedicina transnacional, lo que significa buscar que la aplicación de lo que se hace en laboratorio se traslade a políticas públicas.
Y va más allá: hace combinación entre ciencias ómicas con el apoyo de inteligencia artificial para poder llevar a cabo nuevos objetivos y tratamientos para prevenir enfermedades cardiovasculares. En suma, el hombre no es ningún advenedizo.
El caso
Hace 6 años, cuando el científico tenía 34 años, el gobierno de Estados Unidos lo acusó de haber actuado como agente extranjero de Rusia en territorio estadounidense, y de acuerdo a la investigación realizada en ese país del Norte, señaló la BBC News, el destacado mexicano fue reclutado por un funcionario ruso en 2019, tras tratar de negociar una ayuda a una mujer rusa con la que mantenía una relación amorosa.
Con vueltas y giros dignos de un alucinante guion hollywoodense, a Héctor Alejandro le fue encomendada la tarea de localizar el vehículo de una fuente en Florida, anotar las placas y señalar la ubicación física de dicho vehículo, pero no fue solo, se hizo acompañar de otra mujer, su pareja mexicana. Vaya apretón de tuercas.
En Miami, listos para realizar esta operación de espionaje, se introdujeron de manera ilícita en un condominio para poder interceptar este vehículo, y así lograr su cometido.
Sin embargo, los brazos de la ley gringa son largos y extraños, ya que, por algo que parecía muy simple de hacer, la pareja fue detenida por agentes federales al intentar salir de los Estados Unidos en febrero de 2020, y ahí devino todo el asunto legal, porque se pudo probar el acto de espionaje al encontrar fotografías en su teléfono móvil, imágenes que no pudieron ser borradas tan fácilmente.
De alguna manera ayudó el reconocer que se le había pedido por parte de un funcionario ruso llevar a cabo esta actividad, así que a través de su defensa se mostraron varias cartas de investigadores y, por su perfil académico y su aporte, buscaron que se tomara en cuenta esto para no sufrir una condena severa.
Y este palanqueo y charoleo internacional sí ayudó, ya que de una condena que podría ser de 10 años o más, se pudo reducir y, en menos de la mitad de tiempo, el científico pudo cumplir con la ley de aquel país para después salir de ahí.
Lo que queda
Esto que le ocurrió, dijo a García Davish, es "un capítulo que ha reforzado mi vida, porque es parte de mi vida y de mi aprendizaje". Reflexionó también que lo importante es que, durante ese tiempo, a pesar de todas las investigaciones y el proceso legal, la comunidad científica reforzó su calidad de investigador, algo que se nota actualmente.
Al terminar su proceso judicial, ya está integrado nuevamente en Alemania y en Arabia Saudita en su condición de investigador, donde participa en el proyecto de nación 2030 de ese país.
"Fue parte del proceso y ahorita, claro, uno se queda con el estrés postraumático, pero ya superando todo eso, estamos en un proceso de reencontrarnos con la ciencia moderna, aplicando los conocimientos que obtuvimos". refirió.
El internacional científico reconoció la labor de Alemania, porque ese país lo recibió con los brazos abiertos, no como una firma de asilo, sino porque él fue formado en ese país y tiene residencia permanente; "fue un caso de los Estados Unidos que se quedó en los Estados Unidos".
El tiempo corre
Hoy en día, va y viene por el mundo, da conferencias; sin embargo, no lo hace en los Estados Unidos, tendrá que solicitar visa —rie— y quizá con el tiempo lo haga. "Esto ya es una prueba superada", asegura.
Actualmente forma parte del Tecnológico Nacional de México y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, y ya está colaborando con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) para establecer, aseguró, un centro de investigación e innovación tecnológica en el municipio de El Espinal, en Oaxaca.
"Es un gran proyecto porque estamos generando la interacción entre el municipio y el gobierno del estado que le está donando a la ANUIES ocho hectáreas de terreno para poder, en el marco del plan de nación del desarrollo del Corredor Interoceánico, capacitar a los jóvenes del Istmo de Tehuantepec y, ¿por qué no?, de todo el sur de México", aseveró.
Héctor es optimista y espera que próximamente puedan darse buenas noticias sobre el desarrollo que están proponiendo para el estado de Oaxaca y el sur de México, y la contribución que pueda tener con la gente buscando el bienestar y el desarrollo de los jóvenes.




