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CIUDAD DE MÉXICO, 8 de febrero de 2022.- Si algo ha buscado el ser humano para divertirse, recrear o incluso darle significados más profundos, sin duda alguna son los juegos. Son actividades presentes en prácticamente todos los humanos, sin importar sus creencias, raza o región geográfica.
De hecho, muchos de estos juegos persisten hasta la actualidad o plantearon los antecedentes para darle forma a muchos de los que conocemos, muchos de ellos comenzando desde materiales rudimentarios como huesos y piedras, pasando por madera e incluso algunos de ellos llegando a un plano digital.
Desde la antigüedad, el ser humano ha diseñado juegos con fines políticos, religiosos y hasta de entretenimiento. Entre estos juegos milenarios, uno de los que sigue hasta nuestros días es el de la lotería, que tiene antecedentes en China con la dinastía Han, que recaudaba impuestos y a cambio ofrecía a los competidores la posibilidad de llevarse un premio a través de la suerte.
Los ejemplos sobran: el Go es un juego de origen chino, surgido hace más de 4 mil años y con fines lúdicos y de estrategia para los soldados. Un competidor usa fichas blancas y otro las negras, con el objetivo de bloquear al rival en un tablero de 19 casillas por lado y determinándose al ganador a quien tenga más fichas en territorio enemigo.
Las tabas podrían considerarse como un antecedente de los dados, aunque todavía se producen algunos en actualidad. Son huesos astrágalos con lados distintos, con el fin de que el diferenciar cada cara sea más sencillo. Los jugadores lanzan las tabas y apuestan qué de la cara saldría boca arriba.
El senet egipcio es otro juego que estableció reglas de muchos juegos de mesa actuales, con un tablero de tres filas con diez recuadros cada uno y numerados. El propósito era sacar las fichas del tablero, con casillas que adelantaban o atrasaban a los competidores, según fuera el caso.
En el caso de México, el Patolli es el juego más antiguo, al ser uno con una suerte parecida a los dados y en las que se podían enfrentar hasta seis jugadores y recorrer todas sus fichas por todo el tablero, utilizando los frijoles con marca para sumar puntos, además de que se podía apostar y era utilizado con fines de recreación y religiosos.
Para que un jugador ingresara una ficha en el tablero, debía sacar un punto con su tirada, es decir, que solo uno de sus frijoles tuviera su marca boca arriba. Si más de un patolli tenía marca hacia arriba, se estaba en la obligación de pagar una apuesta.
Cada vez que se obtiene un punto una piedra puede ingresar, hasta tener seis; a menos que el jugador tenga una ficha a una casilla de llegar a la meta y que otra esté en espera de entrar al juego. En este caso se le da prioridad a la primera, por lo que deberá tener otra tirada idéntica para que su segunda ficha entre en el tablero.
Además, dos fichas no pueden estar en la misma casilla, por lo que se pueden eliminar. Si se mete una ficha en la meta, el jugador podía cobrar una apuesta y hacer una jugada. El tablero contaba con ocho casillas, en las que se tenía que pagar dos apuestas si se caía en ellas.
Conforme pasó el tiempo, los juegos fueron evolucionando y como prueba tenemos las apuestas en caballos y gladiadores en el circo romano, así como la Edad Media, donde surgieron las justas, los concursos de tiro con arco y los juegos de cartas, que fueron moldeándose hasta tener reglas más cercanas a las que conocemos en la época contemporánea.
En el caso del póker, es uno antiguo que persiste hasta la actualidad. Con orígenes al año 1000 en el Imperio Persa, ubicado en lo que es actualmente Irán. Es precisamente en ese imperio donde llegó a jugarse un juego de cartas para conformar combinaciones, muy similares a las que se hacen en póker.
Llegó de Oriente Medio a Europa durante las cruzadas y los árabes compartieron la versión de este juego en Italia, Francia y España, con el objetivo de formar tríos, parejas o tres cartas de un solo palo. No fue sino hasta el siglo XVIII que los ingleses y los alemanes modificaron el juego de tal forma que se podían hacer apuestas, llevándose el juego al Nuevo Mundo durante el siglo XIX.
Las reglas del póker actual se las debemos a Jonathan H. Green, quien en 1834 inventó las reglas tras fascinarse con el juego que llevó Francia a las colonias. Para 1850, el juego se popularizó de tal forma que ya era muy conocido en Estados Unidos, aunque siempre provocó polémica, al punto de que en algunos lados se consideró ilegal.
Muchos de estos juegos afinaron sus últimos detalles en Francia y Estados Unidos, por lo que no es de extrañar que tengan modalidades de dichos países, como sucede con la ruleta, un juego que se popularizó en casinos como el de Montecarlo, en Mónaco. Incluso los nativos de Norteamérica tenían fechas específicas para jugar. De hecho, el casino más antiguo del mundo es precisamente el de Montecarlo, que fue fundado en 1863 y que fue diseñado por el arquitecto Charles Garnier, la misma mente detrás de la Ópera de París.
Otro juego surgido en el país vecino del norte fueron las máquinas tragamonedas, aquellas en las que se giran rodillos y se trata de conseguir figuras idénticas para obtener premios. Aparecieron en San Francisco, California, entre 1887 y 1895, como la creación del mecánico Charles Fey. Su primera máquina fue llamada Liberty Bell, traducido como Campana de la Libertad, al ser precisamente tres campanitas las que debían coincidir para resultar ganador.
La década de los ochenta y los noventa fue fundamental para los juegos, ya que fue cuando se popularizaron las consolas a través de disquetes, con los que se podían jugar videojuegos externos. Esto fue fundamental para ciertos juegos que dieron el salto como Monopoly, que lanzó su marca Monopoly Casino en 1999 y hoy en día es una de las más populares.
A principios del siglo XXI comenzaron a surgir los casinos en línea, que brindaban la experiencia que se puede vivir en complejos glamorosos y brillantes en Las Vegas o Macao, pero con la comodidad de conectarse desde una computadora y en el hogar o un centro con internet.
Muchos de los juegos más conocidos como póker, ruleta, blackjack, baccarat y las máquinas tragamonedas dieron el salto a la digitalización, pero esto no se conformó con solo la incursión al internet, sino que los software se volvieron más sofisticados, la tecnología y conectividad avanzó con el pasar de los años y los usuarios encontraron más ventajas en estas plataformas, de tal forma que hoy en día es sencillo conectarse a un casino para jugar desde una computadora personal, pero también con la ventaja de hacerlo desde prácticamente cualquier lugar a través de las conexiones móviles y su capacidad de adaptación en dispositivos móviles, como lo son los smartphones y las tabletas.
Además, el juego digital también evolucionó y no es raro encontrar casinos que ofrezcan la modalidad en vivo, mediante la cual los usuarios pueden conectarse e interactuar con otros usuarios e incluso con un organizador de juego verdadero, llamado crupier, de acuerdo con el argot de la industria.
Mención aparte a las consolas de videojuegos, que ya cuentan con juegos inspirados en este tipo de actividades y que incluso se pueden disfrutar con o sin conexión a internet, además de enfrentarse a la inteligencia artificial o a otros competidores mediante el modo multijugador.

En los últimos años, el surgimiento de los criptocasinos ha sido una tendencia en aumento, como lo podemos encontrar con Atari Casino, un complejo virtual con el que se puede interactuar con usuarios de forma digital y disfrutar de juegos con licencia de la famosa marca de videojuegos, con la particularidad de que se usan criptomonedas.
Ha sido un progreso largo, pero una actividad así ha tenido un enorme desarrollo a lo largo de los siglos e incluso ha servido para entender cómo se ha pasado de los fines religiosos o militares a un mero entretenimiento y distracción, con semejanzas y diferencias entre culturas, demás de un futuro que apunta a la aldea digital y los avances tecnológicos.




