MORELIA, Mich., 16 de febrero de 2016.- Lo peor que pasó durante las últimas 24 horas en las inmediaciones del estadio Morelos, donde el Papa Francisco acaba de concluir su encuentro con la juventud mexicana, fueron los gritos de: ¡a la fila, a la fila! a dos que tres vivillos que se hacían los disimulados para ingresar al coloso del Quinceo antes que otros.

Vaya, ni desvanecidos o insolados como sí ocurrió en el estado Venustiano Carranza durante la homilía que celebró el pontífice, comentó el capitán del helicóptero habilitado como ambulancia aérea con la que apoyó el Estado de México.

Las ambulancias del puesto médico avanzado de Atención Médica de Urgencias (SAMU) con las que el vecino estado de Jalisco respaldó a
Michoacán durante la visita papal no se movieron.

Tampoco lo hizo el camión de bomberos pese a que un pastizal ardió en una de las colonias aledañas al estadio Morelos, la Leandro Valle.

Listo pero quieto permaneció el personal de esas unidades de
protección civil porque afortunadamente no se requirieron sus
servicios, pese a haber sido  la concentración más grande que ha
habido en Morelia, estimada en 85 mil personas, la mayoría jóvenes.

Saldo blanco, reportarán los prestadores de la seguridad pública, y así fue.