MORELIA, Mich., 8 de noviembre de 2019.- Uno de cada 10 niños tiene dislexia, apunta Disfam, una organización sin fines de lucro constituida en 2002 y con presencia en cinco países del mundo, incluido México. 

Esta asociación la describe como un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico que se presenta en niños y niñas sin ninguna desventaja física, psíquica ni sociocultural y cuyo origen parece derivar de una alteración del neurodesarrollo.

De acuerdo con el catálogo de Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE-10), las personas disléxicas manifiestan de forma característica dificultades para recitar el abecedario, denominar letras, realizar rimas simples y para analizar o clasificar los sonidos. 

La organización explica que la lectura se caracteriza por las omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adicciones, lentitud, vacilaciones, problemas de seguimiento visual y déficit en la comprensión. 

Disfam señala que el principal problema que tiene la dislexia es que no es compatible con el sistema educativo, ya que todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito, por lo cual el menor de edad disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias porque no es capaz de llegar a su significado a través de la lectura.

Es así que el niño y la niña disléxicos deben poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tienden a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y a rechazar este tipo de tareas. 

Los padres de familia y profesores pueden procesar esta conducta como desinterés, presionando a los alumnos para realizar un mayor esfuerzo, indica la organización.

Sin embargo, Disfam advierte que la dislexia va mucho más allá de tener dificultades en la lectura y escritura, ya que también existen problemas de compresión, memoria a corto plazo, acceso al léxico, confusión entre la derecha y la izquierda, y dificultades en las nociones espacio-temporales.

Ningún disléxico es idéntico a otro, por lo que cada uno puede presentar diferentes síntomas. Incluso, existen casos que empiezan a presentar dificultades en edad infantil, otros en el nivel primaria, secundaria y en la universidad.

Además, puede ir acompañada de otros trastornos como TDAH, dispraxia, déficit de atención, discalculia y trastornos emocionales.

Por su parte, Fundación UNAM agrega que los niños con alteraciones del lenguaje y que no son tratados, pueden tener dificultades de aprendizaje en áreas como la lectoescritura, el manejo de números y dislexia.

De acuerdo con esta organización, se estima que el siete por ciento de los niños mexicanos padecen alteraciones del lenguaje. 

Si existen sospechas de que un menor de edad o adolescente presenta este trastorno de aprendizaje, se deberá acudir con un profesional para elaborar un diagnóstico y evitar o prevenir secuelas emocionales, desmotivación y fracaso escolar.