MORELIA, Mich., 16 de noviembre de 2017. – Los abogados de la Procuraduría General de Justicia de Michoacán llevaron ante el tribunal a una testigo presencial que ubica al ex presidente de Álvaro Obregón, Juan Carlos Arreygue, en el lugar y momento en que los 10 jóvenes asesinados y calcinados en un predio de Cuitzeo fueron privados de la libertad.

 

Cristina, la testigo y amiga de los fallecidos, llegó a la sala de oralidad número 3, del Poder Judicial de Michoacán, en medio de un operativo de seguridad de la procuraduría local. Cubierta del rostro con un rebozo entró a la sala y luego a la silla en la que los fiscales y defensores la interrogaron.

 

No obstante el miedo que la embargaba, dijo con seguridad que el día de los hechos, el pasado 29 de julio de 2016, se encontraba en compañía de Luis Alberto, Kevin y Ricardo, además de otros que iban en un coche Mustang.

 

Comentó también que eran pasadas las 23 horas cuando llegaron a la tienda Los Arcos, de Plan de la Salud, que entró al establecimiento a comprar unas cervezas  y estando en ese lugar arribaron unos patrulleros, mismos que cuestionaron sobre la camioneta Tacoma roja y el Mustang, ya que advirtieron procederían a efectuar una revisión de las unidades.

 

Después de lo dicho por los policías Luis Alberto les contestó que estaban en el lugar para comprar unas cervezas y enseguida se iban a retirar del establecimiento.

 

Cristina siguió en el interior de la tienda esperando unas cervezas que había pedido al tendero, sin embargo algo cambió. Unos minutos después llegó otra patrulla con cinco o seis policías y una camioneta cerrada de la que descendió un hombre vestido de civil, con camisa a cuadros y una mariconera.

 

El sujeto que descendió del vehículo se apresuró a la entrada de la tienda y arremetió contra los jóvenes y en la puerta gritó: “¡Nos vamos a llevar a todos, hijos de su puta madre!”

 

Acto seguido. Los sacaron a todos de la tienda, incluso a los que nada tenían que ver con el grupo que acompañaba Cristina. A empujones los llevaron afuera del establecimiento y comenzaron a golpearlos. Desde el interior del comercio Cristina podía escuchar cómo los golpeaban y los muchachos pujaban cuando recibían los golpes.

 

Estando los policías golpeando a los detenidos llegó una camioneta Suburban negra, de copiloto: Juan Carlos Arreygue. Hombre al que Cristina inmediatamente reconoció. Explicó a las partes, juzgadores, defensa y fiscales, que estaba entre 40 y 50 metros de distancia, pero que pudo reconocerlo porque había vivido en Álvaro Obregón un tiempo y su imagen salía en la televisión, en anuncios en las calles y carteles… en todos lados.

 

La defensa del ex alcalde no cuestionó sus declaraciones, cuestionó la fecha de la declaración y sobre el hombre que vestido de civil que había dado órdenes a la policía, pero no sobre la certeza de que se tratase del alcalde al hombre que vio a 40 o 50 metros de distancia.

 

Al terminar su intervención, Cristina se fue como llegó: temerosa y en medio de un operativo de seguridad. Pero ya no volvió a la vida que tenía. Dijo a los juzgadores que desde aquel trágico evento vive con miedo, en la zozobra del qué sucederá. No tiene teléfono, habla poco con sus familiares, se mudó de ciudad y vive apartada de la vida que un día tuvo.