MORELIA, Mich., 7 de abril de 2020.- El temor al contagio del coronavirus entre el personal de la clínica 84 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se percibe en su trato distante y hasta altanero, pese a que usan cubrebocas y el ya imprescindible gel antibacterial, pero Susana Distancia, no se ve en algunas áreas.

Es la clínica más nueva de esa institución que sostienen trabajadores y patrones, además del Gobierno Federal y, como se ubica en un desolado paraje de la tenencia de Tacícuaro, cuenta con una reja perimetral que en estos días se mantiene cerrada, solo hay un acceso donde personal de seguridad confiesa a los asalariados o sus beneficiarios que acuden a consulta.

Las preguntas tienen respuestas obvias ¿A dónde va? ¿A qué hora es su cita? ¿No trae acompañante?; otras tienen sentido ante la pandemia: ¿Tiene tos? ¿Tiene temperatura? Porque no, no tienen de esos termómetros que, apuntando a la frente, de lejos, les darían una respuesta que los dejaría más tranquilos. Dos gotas de gel en las manos y el filtro es superado.

El área de atención continua se ve desierta, como casi siempre. La zona del laboratorio también está sola, aunque ahí es extraño porque siempre hay enfermos tramitando cita, recogiendo resultados, esperando que les realicen estudios de gabinete como radiografías o ultrasonidos. El módulo de información está vacío. La sala de espera está despejada y entre las hileras de butacas metálicas resaltan los también ya comunes letreros de no usar entre una y otra.

La isla donde las enfermeras confirman la cita y pasan a la báscula a los pacientes está rodeada por una cinta gris a dos metros de distancia y si alguien no la ve, ¡cuidado! La voz más que enérgica puede asustar con la instrucción: ¡Atrás de la línea! aunque el brazo de la enfermera y el del paciente no se alcancen para entregar y recibir el carnet y ella se tenga que levantar de su asiento e inevitablemente se tenga que acercar para el pesaje.

Donde la heroína de las autoridades sanitarias no está es en el área de la farmacia porque junto están las ventanillas de vigencia de derechos y la de prestaciones económicas e inevitablemente, quienes van a recoger medicamentos o a realizar algún trámite se juntan y no, no hay lugar para Susana Distancia entre uno y otro.

Sin embargo, no deja de sorprender la eficiencia del servicio de medicina familiar mediante citas, la espera es mínima, de minutos, cuando mucho un paciente antes del turno, el problema es obtener la cita ya que al menos se debe tramitar con 15 días de antelación si no es que un mes y, no son útiles para las enfermedades comunes con infecciones de los aparatos respiratorio o digestivo que son las comunes, pero para control de enfermedades crónico degenerativas como la diabetes o la hipertensión sí funciona.

Acudir sin cita a consulta médica sigue siendo un martirio, hay que llegar a las cinco o seis de la mañana para sacar turno en la fila, que se van rolando en los diversos consultorios cuando no llega alguien que tenía cita y correr el riesgo de que a la una de la tarde le digan que no alcanzó y vuelva al día siguiente. Lo mismo en el turno vespertino.

Ahora los que están sufriendo más que los enfermos sus los acompañantes porque no pueden ingresar a la clínica y han hecho su sala de espera prácticamente en el campo, donde ni una sombra para resguardarse del sol y tomando como banca una barda que circunda un predio que está justo frente a la clínica.