Preserva Erongarícuaro sus tradiciones ante el turismo masivo
MORELIA, Mich., 2 de noviembre de 2017. - El sentimiento está a flor de piel este jueves en el panteón municipal de Morelia, con flores, comida, rezos y canciones como Te Vas Ángel Mío los, vecinos capitalinos honran la memoria de quienes ya no están.
La canción del músico mexicano Cornelio Reyna es la más socorrida en el panteón de Morelia. Melodía que eligió Agustín para llorarle a su esposa, a quien la muerte se llevó hacen cinco meses.
Con los ojos inundados y la voz entrecortada dijo a Quadratín que su mujer había partido cinco meses atrás, pero no es la única, ya casi todos se le han adelantado.
“Vengo a ver a mi madre, a mi padre, a mi hermano y a mi esposa. Ella era la única que me quedaba…”, comentó y después volvió a seguir escuchando la desolada interpretación del dueto norteño, que de cuando en cuando desentonaba al llegar al estribillo.
“Te vas ángel mío ya vas a partir, dejando mi alma herida y un corazón a sufrir, te vas y me dejas un inmenso dolor, recuerdo inolvidable me ha quedado de tu amor...” versa la canción que hoy, se ha vuelto una melodía obligada en sepelios, velaciones y Día de Muertos.
En el segundo día de celebraciones el ocho de cada 10 tumbas están vestidas, como se dice. Familias enteras lavan, barren y decoran los mausoleos, otras tantas. Pero hay también quienes van solos, que poco a poco han ido enterrando a los suyos.
María del Carmen, una viejecita que ronda los 80 años, dijo a Quadratín que había acudido a ver a sus parientes, todos enterrados en el mismo panteón, sus padres, abuelos y hermanos.
A sus parientes les ha ofrendado mole, sopa de arroz y hasta pulque “A mi madre y abuela les voy a poner su mole en el altar y a mi padre le compre su botella de pulque, a él le gustaba mucho”, pero en el panteón solo flores.
Sin embargo, mientras Delia Hernández acude a visitar la tumba de su abuela y abuelo como cada ocho días desde su muerte, hace 35 y 43 años, hay otros que la pasan en soledad. Los epitafios han sido borrados por las inclemencias del tiempo, lápidas rotas y cruces roídas por el moho.
Las dulces palabras que pusieron sus parientes a Catalina Cuevas en 1970 se las llevó el viento, ni una flor hay en la tumba.
“Aquí descansa tu cuerpo, en el cielo tu alma y tu recuerdo en nuestros corazones. Recuerdo de tus hermanos”, recuerdo que hoy parece haberse difuminado, como el de varios centenares de tumbas, mausoleos y gavetas desgastadas y a francamente destruidas.




