MORELIA, Mich., 8 de septiembre de 2016.- Ni un contingente de mil goes lograron lo que San Pedro: diluir una manifestación de jóvenes, entre estudiantes de la normal y aspirantes que mantienen la toma de la UMSNH.

Lluvia y granizo se lanzó desde el cielo para apaciguar los fervientes ánimos estudiantiles que reclamaban un lugar en la máxima casa de estudios de Michoacán y la liberación de ocho normalistas, que calientan banca en el Mil Cumbres, bajo los agravantes de secuestro, robo, daño en las cosas y los que se acumulen.

Jóvenes, impetuosos, irreverentes, los normalistas “apechugaron” los residuos de Newton.

Pero no aguantaron.

La fuerza de la lluvia minó las agallas y, una a una, fueron cayendo las cartulinas blancas que mostraban su descontento y exigencia.

“¿Cuánto a que se mueven los cabrones?”, se escuchó en los portales, frente a Catedral.

“Son muy necios. Estos, a diferencia de los maestros, son más cabrones”, respondió el parroquiano.

La tromba arreció y uno a uno, los sedicentes y retadores normalistas se reagruparon en la esquina del portal, a las afueras de Tortas La Imperial.

Desde ahí, una esquelética joven, altavoz en mano, incitaba a las consignas contra el ejecutivo federal y las autoridades universitarias.

Nunca retuvieron el tráfico. Con la tempestad, menos.

Empapados, cual patos de estanque, gritaban y arengaban como locos.

Manos arriba y garganta al máximo, se mantenían.

Pero nada tontos, abajo y al cobijo de los históricos portales.

Al frente, sobre Morelos sur y la Madero, el improvisado campamento de la CNTE también registraba la desparvada de quien se encuentra en la línea ofensiva de la protesta magisterial.

Y es que lo que no se había registrado en esta temporada de lluvias, la de hoy fue una macro tromba que pegó en pleno corazón del Centro Histórico.

Las gárgolas de Catedral, de hoteles y edificios del llamado primer cuadro, lloraron sin cesar por más de media hora.

El panorama se puso gris, frío, desolador. Los portales se abarrotaron.

Quizá nadie esperaba la fuerza de la naturaleza.

Tampoco a los policías motorizados, quienes discretamente dejaron los burros de acero para resguardarse y compartir el techo con los normalistas.

Esta semana, las tormentas y tempestades arreciaron en el ánimo capitalino.

Hoy, el gobierno quisiera que fueran de estas tormentas, pero no. Fueron otras.

Hoy, los campesinos quisieran que fueran de estas tormentas, pero sí. Aquí estuvieron.

Hoy, Alfonso quisiera que no fueran estas tormentas, pero sí: miles de afectados.

Hoy, los ciudadanos quisieran que fueran de estas tormentas, también. Tránsito libre.

Hoy, paradójicamente, una tormenta, ataja otra tormenta: la informativa. Y la del caos, la del helicóptero caído, la del incendio de vehículos… la del manifiesto católico, la del bla, bla, bla…

Al final, la lluvia de arriba es más eficiente que la abajo:

También es más eficiente que la del tolete y la del gas lacrimógeno.

¡Vaya lluvias!

¡Gracias, San Pedro!