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Foto: Especial

Paternidad entre lienzos y pinceles: del egoísmo a la intimidad hogareña

Luis Felipe Reynoso/Quadratín
 
| 18 de junio de 2017 | 20:01
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MORELIA, Mich., 18 de junio de 2017.- Janitzio Rangel es un artista visual con vasta experiencia; tiene en su haber una gran cantidad de exposiciones colectivas e individuales y es uno de los pintores michoacanos con mayor proyección. Janitzio Rangel también es padre de un niño de ocho años y ningún pincel ni ningún lienzo pueden superar eso.
“La cosa que me ha sucedido más importante en mi vida es haberme convertido en padre, eso es lo más importante que me ha pasado”, dice categórico el artista visual.
Se da una pausa en la entrevista telefónica que concede a este reportero, desde algún lugar fuera de la capital michoacana, pero no tan lejano, lo suficiente para que de vez en vez se entrecorte la comunicación.
“En cuestión de mi trabajo, el saber que me iba a convertir en padre inmediatamente hizo un cambio muy radical en mi trabajo, ha habido un cambio bastante sustancial desde los temas”, explica.
Confiesa que su trabajo ahora es más íntimo, mucho más hogareño, más hacia la introspección, “más hacia lo que pasa en el día a día en mi vida, realmente a la llegada de mi hijo ha cambiado todo lo que sucede con mi trabajo” reitera.
Cuenta que en un principio hubo cierto resentimiento por parte de los espectadores y los galeristas, entre la gente que había visto y seguido su obra desde mucho antes de la paternidad. Resintieron la manera en que cambió su trabajo.
“Los temas y las cosas a las que me acercaba de manera habitual antes de ser padre, tenían que ver con otras cosas, tenían que ver con otras cosas que me interesaban en ese entonces”, recuerda, y complementa: “sí, fue un shock, un encontronazo para ellos”.
Durante los primeros años en la vida de su hijo, Janitzio mantuvo el estudio en casa mientras su compañera debía salir a trabajar. Aprendió a combinar el arte con el oficio del cambio de pañales, la alimentación, llevadas y traídas a la escuela, lo doméstico en una palabra; “precisamente ese tipo de interacción con mi hijo fue lo que volvió más íntimo mi trabajo, él me metió en el ámbito cotidiano y simple, digamos entre las cosas más simples que te rodean,  y entonces comienzas a ver las cosas de diferente manera”.
“Cuando uno emprende en el mundo del arte, se lo quiere comer todo ese mundo entero, a mí me sucedió que con mi hijo puse los pies en la tierra y me regresó a las cosas más simples y más íntimas de mi vida”, expresó a través de la línea telefónica.
Antes era Janitzio y su pintura. “Yo vivía para mí, para lo que quería en el mundo del arte, era un tanto egoísta. Realmente ahora que lo he pensado durante todo este día que me planteaste una entrevista, yo me reconozco como un egoísta antes; sólo pensaba en mí y lo que sucedía alrededor de lo que yo quería decir a través de mi trabajo”, dice aceptando esa parte, sin embargo explica que su hijo lo hizo más sensible a su entorno, en poder compartir todo, hasta las cosas más simples.
A la pregunta sobre si a él le gustaría que su hijo se dedicara al arte, en específico a las artes plásticas, Janitzio, tras unos segundos, contesta enfático que no. Después se ríe, y dice que querer eso lo haría demasiado narcisista. Viene otra pausa.
Resume: “yo creo que mi hijo es un niño que ha crecido cercano al arte y cercano a muchas otras cosas, por ejemplo muy cercano al mundo de la información, de la comunicación y de la tecnología junto con su madre; conmigo tiene otro mundo. Entonces yo creo que él navega con mucha información, de repente pareciera separada diametralmente pero no, es un niño que crece con bastante información para decidir lo que le venga en gana”.
Al final es como al principio. Como un lienzo blanco listo para plasmar lo que le venga en gana al padre y al hijo. La intimidad hace siempre de paleta, con una gama de colores compartidos.

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