MORELIA, Mich., 24  de noviembre de 2020.- Privados de la libertad, sí, pero enfocados en su reincorporación a la sociedad, José Gerardo Padilla y Eleazar López emprendieron el sueño de un negocio propio, empresa que hoy no solo goza de clientes satisfechos, sino también de identidad y el registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). 

Donde algunos ven problemas, otros encuentran área de oportunidad, dicen algunos expertos en liderazgo y emprendedores, y quizás José Gerardo y Eleazar llevaban dentro de sí ese líder, pero no fue hasta que se encontraron privados de la libertad que lo descubrieron, oportunidad que les dio la ley que prohibió a los negocios dar bolsas de un solo uso. 

Son bolsas tejidas de plástico resistente, que se le compra a empresarios de la región; con diseños únicos, personalizados, y desmontables, de tal modo que cada pieza que una persona adquiere, no tiene dos y va a contribuir a la larga a reducir la basura contaminante. 

“Hace un año nos enteramos de que ya en los supermercados no van a dar bolsas para el mandado de plástico, y pensando en el medio ambiente, se nos ocurrió crear estas bolsas para carritos”, dijo José Gerardo, con materias primas locales de mejor calidad, que con el mínimo de limpieza, puede durar décadas. 

Emocionados por el concepto de la empresa y los éxitos hasta ahora conquistados, esperan que al salir del Centro de Reinserción Social David Franco Rodríguez, continuar con el negocio, cruzar fronteras y llevar sus productos al mundo, porque es tal la calidad de los carritos de mercado que se venden en España, con ayuda de la familia; Soriana ya los quiere en sus aparadores, ¡hasta una empresa brasileña ha externado su interés para importarlos!

Sin embargo, PaLo aún no cuenta con suficiente capacidad para producir a gran escala, porque todo el proceso es artesanal, con estándares de alta calidad.  

PaLo, nombre de la microempresa, se ha vuelto en una pequeña granada, nutrida de esfuerzo, colorida por las emociones de quienes participan de ella y con múltiples granos de beneficios. 

Para los emprendedores, PaLo no solo es un negocio, nació del deseo de llevar a la gente algo diferente, que les sirva, que beneficie al medio ambiente. Pero que también ha dado trabajo a personas privadas de la libertad, a por lo menos ocho familias que las venden afuera y a las familias Padilla y López. 

Además, es un ejemplo de que los programas de reinserción social, a través del empleo, tienen buenos resultados, porque ambos socios se sienten satisfechos, y se les nota emocionalmente tranquilos, enfocados en su trabajo y soñando con hacerla en grande al cumplir su deuda con la sociedad. 

Sonriente, comenta José Gerardo, “esto nos ayuda a llevar una mejor calidad de vida, a estar ocupados, a poder mantenernos dentro de la comunidad, a comprar lo que necesitamos”, porque al igual que el pueblo o colonia vecina, aquí la vida no se detiene. Hay quienes eligen pasar el tiempo en su celda, pero hay decenas que tienen un oficio y un servicio que ofrecer para sus compañeros, costureros, zapateros, tenderos y hasta empresarios. 

PaLo Ecoartesanal, como se puede encontrar en Facebook, tiene precios que rondan los 750 pesos al menudeo, pero que también tiene ofertas especiales, como ocurrió durante el famoso Buen Fin.