MORELIA, Mich., 31 de julio de 2020.- Actualmente a nivel mundial se estima que hay 185 millones de personas infectadas con hepatitis C, de las cuales, 350 mil fallecen cada año por este que es considerado un padecimiento silencioso, ya que los primeros síntomas se pueden presentar hasta 20 o 30 años después de haberla adquirido.

Con este escenario especialistas y expertos de salud consideran apremiante el fortalecer la prevención, la detección y el control del virus de la hepatitis tipo C, que además está relacionada con padecimientos en los riñones.

Por ello, es la causa más frecuente de daño hepático en personas con insuficiencia renal crónica (IRC), que generalmente se transmite a estos pacientes por su exposición a la sangre o derivados de la misma por el tratamiento de hemodiálisis o un trasplante renal.  

Esta enfermedad puede causar inflamación de los glomérulos, que son pequeños filtros en los riñones que eliminan el exceso de líquidos, electrolitos y desechos del torrente sanguíneo, lo que puede derivar en insuficiencia renal crónica (IRC).

Debido a la conexión entre ambos padecimientos, es recomendable que los pacientes con hepatitis C se realicen exámenes médicos para determinar el estado del funcionamiento de los riñones.

“La hepatitis C es una enfermedad prevenible, además, se sabe que entre el 60 y el 85 por ciento de las infecciones agudas causadas por esta enfermedad se vuelven crónicas, por tanto, la detección oportuna y la administración del tratamiento en etapas tempranas se vuelven primordiales para disminuir la incidencia del padecimiento en la población, impedir la lesión hepática y prevenir complicaciones asociadas”, insistió Omar Tomey, director médico de AbbVie en México.

Las hepatitis virales, son un grupo de enfermedades infecciosas integradas por la hepatitis A, B, C, D, y E, las cuales son transmisibles y provocan afección en el hígado tanto aguda como crónica.

En los casos de los virus A y E generalmente causan infecciones agudas mientras que los virus B, C y D pueden causar infecciones crónicas, y en conjunto causan más de un millón de muertes al año, por lo que son consideradas un problema de salud pública a nivel mundial.

Estas enfermedades provocan síntomas como dolor en la zona abdominal, orina turbia, fatiga, fiebre baja, falta de apetito, náuseas, vómito, y el más conocido, la coloración amarillenta en la piel y en los ojos. Adicionalmente, estas enfermedades pueden llegar a transmitirse en quirófanos, en consultorios dentales y en menor proporción en bancos de sangre (hepatitis ocultas) a través de fluidos biológicos y material quirúrgico contaminado.