Morelia, Michoacán, México a 26 de octubre de 2026
Morirse en vía pública: el olvido de la calle
01 de noviembre de 2017
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15:48
Luis Felipe Reynoso/Quadratín
Luis Felipe Reynoso/Quadratín
MORELIA, Mich., 1 de noviembre de 2017.- Hasta ahora de manera pública poco se sabe; las notas informativas solo señalan que el hombre se desvaneció tras cruzar la avenida Camelinas a la altura del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), lo que despierta conjeturas, pero son solo eso, de ninguna manera certezas.
El hombre, que es lo único que se sabe, murió al parecer así de pronto, lo que generó el movimiento de los servicios de emergencia, que a su llegada tuvieron un accidente, que a su vez trajo consigo un tráfico desquiciante en esa zona de la ciudad.
Por un protocolo, las muertes que no son claras son tratadas bajo los códigos de una investigación, por lo que el área fue acordonada con esa clásica cinta amarilla que solo dice: "precaución, no cruzar".
Al parecer, especialistas en escena de crimen realizaron sus pesquisas, marcaron el contorno del cuerpo en el asfalto gris de la calle, y dibujaron lo que parece ser, a simple vista y sin ser experto, una rosa de los vientos para ubicar la posición del mismo.
Pasado un tiempo realizaron el levantamiento del cadáver, lo introdujeron en la camioneta del Semefo para después retirarse del lugar. Pero, ¿qué sucede tras la partida de un cadáver de una zona pública? Aquí comienza otra historia.
Desde lejos y a simple vista parecía que no ocurría nada, la gente caminaba a prisa para llegar a su casa a comer o regresar a las oficinas. Algunos se paraban, quizá habían oído la noticia, la leyeron en algún portal importante, o simplemente se corrió el rumor: un hombre murió ahí, hace un rato.
Es probable que el solo hecho de saberlo haya generado un desazón, sin embargo, los hechos estaban ahí todavía. Decían, aseguraban, que alguien había muerto ahí; la cinta amarilla usada por la policía seguía amarrada de los árboles de alrededor de la escena, pero ya no impedía el acceso, solamente había sido cortada sin que nadie se preocupara por retirarla y llevársela.
Peor aún: el contorno de un cuerpo marcado por el gis blanco se mantenía en el lugar, y todavía lo hacía más dramático una mancha hemática de un tamaño regular, eso sí, ya seca por el sol de la tarde.
Nadie se había preocupado por limpiar después del suceso, nadie puso tampoco ni siquiera la usual veladora que siempre aparece cuando alguien fallece, y que nadie sabe de dónde sale. Nada. Solo permanecían los indicios que nadie retiró, y que dejaban en claro que alguien había muerto ahí, muy cerca de la víspera del Día de Muertos.
Si alguien pensó que por transcurrir la noche desaparecerían las evidencias, estuvo equivocado; este martes todo permanecía igual, si acaso algunas cintas habían sido retiradas, seguramente por algún vecino, pero otras se mantenían amarradas de árboles y rejas.
Los transeúntes se detenían a mirar el contorno blanco con forma humana en el piso, con una mancha de sangre seca, y solo hacían algunos comentarios al respecto para continuar con sus caminos.
Unos adolescentes se habían detenido ante la escena, se veían curiosos e incluso divertidos. Uno de ellos se recostó simulando la silueta y puso su cabeza de lado para evitar apoyarse sobre la mancha de sangre. Mientras, su compañero le tomaba una fotografía que seguramente terminaría en algún muro del feis, como un acto de deshumanización de la muerte.
Es probable que este miércoles todo siga igual, es probable que los transeúntes se sigan deteniendo, que les parezca una anécdota la muerte de un hombre. Es probable que otros jóvenes se tomen la selfie en el lugar, y es probable también que las autoridades no se presenten más en ese sitio.