Freno a tianguis del FNLS por exigencia de locatarios y vecinos: GobMich
MORELIA, Mich., 19 de julio de 2025.- Por fuera del antiguo panteón municipal, sobre esta avenida principal Arnulfo Ávila, que rompe en la puerta de este recinto de descanso eterno, se encuentran hombres que labran por petición de las familias, el mármol y el granito a fin de dejar un legado escrito en cada una de las tumbas. Son artistas relacionados con la muerte, son los encargados de la última morada.
Entre ellos está José García, de Monumentos Valladolid, un hombre que tiene más de 20 años dedicándose a la construcción de monumentos funerarios de manera formal, aunque confiesa que desde chico ayudaba a su abuelo, así que tiene más experiencia en este oficio al que llaman marmolero; todo lo que él sabe lo aprendió de su abuelo.
Cuando niño, ayudaba al abuelo a pulir el mármol y el granito, lijarlo, dejar limpio el lugar de trabajo y acercar los materiales de trabajo, recuerda, "era todo eso ayudarles a traer las cosas, arrimárselas para que siguieran trabajando los que obviamente estaban más grandes y ya sabían".
"Nos dicen marmoleros, aunque no necesariamente es mármol el que trabajamos, que también lo trabajamos, pero dentro de eso está el granito, que es todo esto", expone señalando un monumento funerario en el cual está trabajando, "está hecho de granito pero al final es mármol, y la palabra que va un poco más enfocado a eso es ser marmolero".
El trabajo que realizan es pesado, dice, porque las piedras las tienen que mover o las tienen que levantar, pone como ejemplo el monumento en el que trabaja, y explica que obviamente no se levanta todo sino es como por partes, pero cada parte pesa mucho, "es una especie de rompecabezas donde se van quitado la cruz, la parte de lado, la lapida, el escalón, todo esto prácticamente se desarma como un rompecabezas y se lleva al lugar donde se va a colocar y de la misma forma como se desmontó se vuelve a montar".
Aunque el negocio está frente al panteón, todo el monumento debe ser llevado en una camioneta, "pedimos ayuda a la demás gente para que entre todos, cuando menos otros tres, agarrarnos de cada esquina dependiendo el peso, y si no, si son capillas por ejemplo, hay que traer más gente para que nos ayude a trasladar".
Un monumento como el que está trabajando tiene un costo aproximado de 16 mil pesos, expone, al final lleva un libro en piedra y cuando se cierra el trato la gente sugiere que poner de epitafio la fecha ya después todo se traslada al lugar donde se va a colocar finalmente.
Un monumento así le demanda de dos a tres semanas, explica el marmolero, sin embargo no le dedica muchas horas al día, tampoco es diario, se va por partes, "es pausado el trabajo, hay una continuidad pero de poco tiempo, es poco el tiempo que se invierte diariamente", explica, porque aunque sí labora una jornada de ocho horas, en ese tiempo no solamente se dedica a un monumento, hace otras cosas.
Un monumento hay que hacerlo con mezcla, con granito, hay que esperar a que se seque, asevera, hay que hacer todo esto y usar varilla, esto para que no se vaya a romper fácilmente, "es un proceso, por eso no son las ocho horas dedicadas diariamente a hacer ese trabajo, sí no son esas ocho horas repartidas para hacer más trabajos, y cada trabajo ya sabemos el tiempo que se va a llevar".




