Alista Zombie Walk Morelia marcha de terror para el 31 de octubre
MORELIA, Mich., 25 de marzo de 2026.- Con 34 años, Mario dejó su casa paterna y su esposa lo abandonó. Vive con adicciones y por semanas habitó bajo las escaleras de la Unidad Deportiva del fraccionamiento La Colina.
Mario tiene historia.
Hace tres meses en medio de un delirio de persecución y alucinaciones se aventó de un segundo piso, en El Cárcamo.
Entonces se lastimó una mano. Tres meses después, es señalado por los vecinos de acosar a estudiantes de preparatoria.
—Yo como te conozco, ¿no?—, dice el oficial Sergio con un toque de duda y certeza en su voz, mientras enfoca a Mario y se toca la barbilla.
Fue el comandante Sergio quien lo ayudó en aquel delirio, lo llevó al médico y luego a un albergue.
Mario sonríe y comienza a recordar, como si fuera aquel meme de “ese día me mamé”, porque sabe que no le van a creer tan fácil sus argumentos del porqué vive en la calle.
Primero fue que la esposa lo dejó, después que su mamá murió y finalmente que no lo quieren en su casa paterna.
Está solo en la vida. Su única esperanza es presionar a sus papás con una demanda.
—Me dijo mi pareja que puedo demandar, para que me reciban en la casa, porque a mi hermana sí y a mí no—, asegura Mario, con una realidad un poco alterada, quizás producto del uso de sustancias.
Pero su condición parece no preocuparle tanto. Se ríe y bromea con los oficiales, está alegre, podría decirse.
Entre sus dedos lleva un churro, cuando lo agarraron estaba por prender las patas al chamuco. Él mismo todavía huele a orégano, como se dice entre los consumidores de yerba.
Nervioso o no. Mario no deja de hablar y rechazar todas las acusaciones de los vecinos, que lo señalan de defecar en el jardín comunitario y mostrarles el miembro a las estudiantes de preparatoria que pasan por el lugar.
Pero nada le vale, del brazo de la ley, fue llevado a un albergue para hombres. Otro más, con la esperanza-y su palabra-de que esta es la buena. La última vez.




