MORELIA, Mich., 4 de febrero de 2020.- El lugar parece muy sencillo y lo es, aunque tiene 50 años funcionando como panificadora. El negocio empezó con el padre y ahora lo trabaja Marco Antonio; lleva 25 años haciendo pan. Actualmente hacen arriba de dos mil 300 piezas diarias para vender en distintos puntos de la ciudad.

Marco Antonio es el primero que llega a la panadería, lo hace a las 5:30 de la mañana, señala. Él es responsable de la panificadora Bautista, ubicada en la colonia Felicitas del Río. La cantidad de pan que realiza se distribuye en cuatro puntos; en el auditorio municipal, por La Colina, en Los Pinos y por Periodismo. Ya no le llevan a las tiendas de abarrotes.

A partir del 3 de febrero, el pan en este lugar subió un peso, “los clientes no dicen nada porque aquí siempre ha sido baratísimo, pero aquí no ha cambiado el huevo ni nada, porque todos los demás amigos ya les tumban el huevo, no le pone leche; yo prefiero ponerle pura mantequilla, casi vale lo mismo, por 5 o 10 pesos que se paga más prefiero ponerle mantequilla que manteca, que no le da sabor”, dice.

En el lugar trabajan cuatro personas quienes elaboran los dos mil 300 panes diarios. El pan más popular que tienen ahí y que más le gusta a la gente por tradición, es el pan salado como el cuerno y la corriente, pero también se venden la colcha y otros panes; por lo regular se vende todo, asegura el hombre.

Explica a Quadratín que tienen una libreta donde se van organizando, como no trabajan el domingo, el lunes hacen el doble de pan, para el martes se va rebajando la cantidad, y el único día que se hace menos es el sábado; “porque no hay gente, no hay estudiantes”, dice el panadero, aunque reconoce que no son los estudiantes sus principales clientes, pero sí sus papás.

Marco Antonio tiene dos hijos que probablemente sigan la tradición de hacer pan; ya están metidos en el negocio y apoyan.

Esto tiene su chiste, dice, cada pan dura diferente tiempo; la mantecada y con el cortadillo duran unos 40 minutos; la concha, unos 20 minutos; el bolillo, que por ahora ya no hacen porque la máquina está descompuesta, por lo regular se lleva unos 25 minutos.

Explica que todos los días cambia una figura; “supongamos… el lunes hago puros, nubes, de ajonjolí, cemas, capotes, colchones; una variedad. El otro día cambio a cemas, hago novias, hago empanadas de granillo; busco hacer algo diferente porque la gente se enfada”, dice antes de continuar metiendo pan al horno.