MORELIA, Mich., 23 de septiembre de 2018.- La  sexualidad es un don de Dios, no la concupiscencia humana o algo que se tiene que soportar como a veces se entiende, afirmó el arzobispo de Morelia Carlos Garfias Merlos.

“La sexualidad nos da la identidad del ser humano, la sexualidad lleva en sí misma   la genitalidad y la genitalidad hay que educarla para no dejarla desbordar y que sea solo impulso sino que sea una expresión de amor, de  decisión de la persona y eso hay que educarlo.

“Si en las familias hubiera  acompañamiento de los hijos, si en las escuelas se educara sexualmente porque desgraciadamente en las escuelas se instruye, se explica la genitalidad pero no se educa en al afecto, en el cariño, en el amor; como lo expresamos nosotros en la Iglesia, es donación no egoísmo ni búsqueda de beneficios, es  un forma de dar y se entiende la sexualidad como  un don que tienes que aprender a recibir  y a hacerte consiente en ti mismo de eso para poder ofrecerlo al otro”.

En rueda de prensa, consideró que la educación sexual, sobre todo de los jóvenes ayudaría a evitar que sean víctimas de la prostitución y la trata de personas que son las nuevas formas de esclavitud  y constituyen  un ultraje  vergonzoso a la dignidad humana  y una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

En su mensaje, con motivo del Día Internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños, , indicó que  los grupos delincuenciales captan a sus víctimas a través de anuncios falsos, donde establecen prometedoras relaciones sociales o donde prometen mejores condiciones de vida,  pero acaban  por vender a las víctimas para hacer trabajos forzados.

“Las víctimas de estos delitos sufren condiciones degradantes  como privación de su libertad, violencia, abuso sexual, embarazos no deseados, abortos inseguros  y tratos crueles e inhumanos… que son una afrenta a los valores fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos.

“El alarmante aumento  de la trata de seres humanos es uno de los problemas políticos, sociales y económicos urgentes vinculados al proceso de globalización; representa una seria amenaza a la seguridad de cada nación y es una cuestión de justicia internacional urgente”, indicó el arzobispo.