MORELIA, Mich., 23 de noviembre de 2017.- Tomaron las armas y lucharon juntos en contra del crimen organizado, de aquellos Caballeros Templarios comandados por El Chayo, que los despojaban de sus bienes, violaban a sus mujeres y los mataban, pero el rencor que ahora hay entre ambos se siente tanto como la distancia que guardan uno del otro.

Hipólito Mora Chávez y Juan Manuel Mireles Valverde se sentaron en los extremos del auditorio Luis Sahagún de la Casa de la Cultura de Morelia, donde Ernesto Villanueva presentó su libro El derecho de armarse, y no se dirigieron la palabra, ni se miraron.

El doctor Mireles Valverde se dirigió a Hipólito públicamente reconociéndolo como el líder moral de los grupos de ex autodefensa, el que los convocó, porque él, dijo, llegó después y quiso institucionalizarlos, y por eso los medios de comunicación quieren amarrar navajas.

No así, Hipólito llegó acompañado de su escolta, cinco campesinos como él y un policía o, al menos, uno que vestía uniforme de policía, pero en cuanto supo que estaba por llegar Mireles Valverde apresuró el paso, e indignado, masculló: que le rinda pleitesía quien no lo conozca.

“Es un hijo de la chingada”, vociferó, pero no quiso entrar en detalles y estaba tan incómodo que canceló la entrevista que estaba por dar: al ratito, déjeme respirar, pidió. Se metió al baño, se lavó la cara, respiró y contó hasta que logró tranquilizarse, aunque solo un poco, siguió trabado hasta que el encuentro con algunos conocidos, como el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Víctor Manuel Serrato Lozano, lo fue relajando.

Fue en la sesión de preguntas y respuestas que los dos líderes de los supuestamente extintos grupos de autodefensa hablaron uno del otro, pero no directamente, y el doctor Ernesto Villanueva nada pudo hacer para acortar la distancia entre ambos.

Antes de que el doctor Mireles hiciera público su reconocimiento a Hipólito, contó una anécdota de cuando se graduó en el Colegio Militar y le dieron una pistola con el águila real que representa a la nación, grabada sobre el mecanismo de percusión, símbolo de uso exclusivo del Ejército Mexicano y disertó sobre el significado.

Todo para decir que Hipólito puede decir lo que quiera porque se lo ganó, porque para él no cuenta lo que dice, sino lo que hizo.

Hipólito no quedó satisfecho, y luego de expresar el dolor por la pérdida de su hijo, reclamó que él no pueda salir de su casa sin riesgo de que lo maten, después de haber perdido todo, mientras otros se pasean por todo el país sin haber perdido nada, en alusión a Mireles, quien no replicó, al menos públicamente, teniendo como moderador al doctor Ernesto Villanueva y al provocador título de su libro: El derecho de armarse.