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MORELIA, Mich., 3 de enero de 2026.- El Gobierno de Michoacán iluminó el Palacio de Gobierno con los colores de la bandera de Venezuela y difundió un mensaje en el que habla de hermandad, respeto y paz hacia el pueblo venezolano. El gesto fue presentado como un acto simbólico de solidaridad y cercanía entre pueblos latinoamericanos.
No obstante, el posicionamiento oficial dejó claroscuros. El mensaje no condena la injerencia de Estados Unidos en la crisis venezolana, pero tampoco celebra ni reconoce de manera explícita la caída del régimen autoritario, señalado durante años por organismos internacionales por violaciones a los derechos humanos. En lugar de una definición política, optó por un lenguaje general y cuidadosamente neutral.
La publicación se apoya en conceptos amplios como “libertad”, “camino propio” y “paz”, sin aludir a los factores que han marcado el colapso venezolano: la persecución política, la crisis institucional o la migración forzada de millones de personas. Tampoco hay referencia a responsabilidades internas ni externas, ni al debate sobre soberanía o transición democrática.
En un contexto internacional donde varios gobiernos han fijado posiciones claras, el mensaje de Michoacán eligió la prudencia discursiva. El resultado es un gesto emotivo, pero ambiguo, que evita el conflicto diplomático, aunque también elude una postura ética más definida.
La iluminación del Palacio fue visible y contundente. La postura política, en cambio, quedó difusa. Entre el símbolo y la definición, el gobierno estatal privilegió el primero, dejando una sensación de acompañamiento afectivo, pero sin claridad sobre el fondo del proceso que vive Venezuela.




