Conoce quiénes tienen prioridad para las vacunas de temporada invernal
MORELIA, Mich., 2 de abril de 2026.- "Se hacen trabajos dentales gratis", es el mensaje que leemos de manera recurrente en espacios públicos y hasta en el transporte público.
El mensaje aparece en cartulinas pegadas en postes, en paredes, en mercados y hasta dentro del transporte público. Escrito a mano, con plumón grueso, parece una oferta más entre tantas. Pero detrás de esas palabras hay algo más que una promesa: hay estudiantes de la Facultad de Odontología de la Universidad Michoacana que, sin proponérselo como un acto extraordinario, cambian todos los días la vida de personas que no podrían pagar un tratamiento dental.
Personas sin empleo, habitantes de colonias vulnerables, familias con ingresos limitados.
El programa que lo hace posible es tan antiguo como la propia Facultad. Nació en 1954, cuando la escuela comenzó oficialmente sus labores, y desde entonces no ha dejado de funcionar.
“Es parte de su aprendizaje y formación”, explica Alonso Rodríguez Ruiz, coordinador del Banco de Pacientes.
“Tenemos once clínicas de distintas materias. Ahí los estudiantes aprenden desde medicina preventiva, como limpiezas, hasta procedimientos más complejos, como extracciones”.
El Banco de Pacientes no solo es una herramienta académica. Es, también, uno de los programas más nobles de la Universidad Michoacana. Su esencia está en ese doble propósito: formar profesionales de la salud y, al mismo tiempo, ofrecer atención a quienes más la necesitan.
Porque, como dicen las cartulinas, el servicio es gratuito. Literalmente.
No hay condiciones ocultas. No hay tratos diferenciados.
En realidad, la gratuidad responde a una lógica académica: los estudiantes deben cumplir con una cuota de procedimientos —extracciones, resinas, limpiezas— como parte de su formación. Pero en ese requisito escolar se abre una oportunidad para cientos de personas que, de otra forma, simplemente no tendrían acceso a atención dental.

Sin embargo, no es solo el costo lo que distingue al programa.
Un trato humano, cercano, paciente. Porque los efectos de recibir atención no se quedan en la boca: se extienden al estado de ánimo, a la seguridad personal, a la forma en que alguien vuelve a sonreír y relacionarse con la comunidad.
Antes de sentarse en una de esas sillas dentales, muchos pacientes han pasado por semanas —o meses— de dolor constante. Dolor al comer, al beber agua, al sentir el frío o el calor.
A eso se suma el mal aliento: un olor fuerte, penetrante, con notas de descomposición, sulfuroso, difícil de ocultar. En los casos más avanzados, la caries no solo destruye el diente: puede derivar en abscesos, infecciones, inflamación del rostro, fiebre y complicaciones que afectan otras zonas.
Por eso, la atención no es solo estética. Es, muchas veces, una intervención urgente.
La Facultad tiene la capacidad de atender hasta mil pacientes al día. Una cifra que, en términos prácticos, permitiría cubrir en un mes a toda la población del municipio de Álvaro Obregón.
Y quienes más llegan son quienes más lo necesitan.
“La mayoría son pacientes en condiciones vulnerables. Personas desempleadas o con bajos ingresos”, señala Rodríguez Ruiz.
Para ellos, el programa representa algo más que un servicio médico: es la posibilidad de recuperar la salud sin poner en riesgo la economía familiar.
En el mercado privado, una extracción de muela del juicio puede alcanzar costos elevados. Aquí, en cambio, basta con registrarse o acercarse a uno de los estudiantes que recorren colonias, mercados y tiendas ofreciendo atención con sus cartulinas.
El proceso comienza con una historia clínica. Cada paciente es evaluado para determinar si puede recibir tratamiento o si existe alguna condición que lo impida.
Y luego viene algo poco común incluso en servicios de paga, eso es: la abundancia de especialistas.
Cada clínica cuenta con al menos cuatro médicos supervisando a los estudiantes. Siempre hay alguien observando, corrigiendo, interviniendo si algo se complica o si el tratamiento es complicado.
Aquí, si surge un problema, no faltan manos.
Ni ojos.
Ni experiencia.
En un sistema de salud donde la atención dental suele ser inaccesible para muchos, estas cartulinas (simples, visibles, casi improvisadas) terminan siendo una puerta.
Una que no solo alivia el dolor.
También devuelve sonrisas.




