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LA HUACANA, Mich., 13 de abril de 2018.- “¿Qué sentido tiene la vida? Eso nos lo preguntamos ante la muerte de un ser querido”, dijo con voz pausada el sacerdote en la iglesia de San Nicolás de Tolentino, en la Huacana.
Oficiaba la misa para decirle adiós a Maribel Barajas Cortés, la joven candidata a diputada local por el Distrito Múgica del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), asesinada el martes y hallada el miércoles, en la localidad de Las Flores, Morelia.
A lo lejos se escuchaba el murmullo de unos mariachis que fue marcando el paso durante la procesión, desde la casa donde vivió su niñez la joven de 25 años y hasta el templo, llena de rostros empapados de dolor. Cielito lindo entonaban mientras a más de uno se le enchinó la piel.
Un grupo pequeño acompañó el traslado del féretro de Maribel, que arribó a la iglesia a las 10:15 horas, rodeado de rosas blancas. La mirada perdida entre sus seres queridos predominaba, al igual que una corona digna de una reina de belleza que apretaba recelosamente una chica vestida de negro.
A la despedida de Maribel también acudieron miembros del PVEM, entre ellos su dirigente, Ernesto Núñez.
“Recordemos lo que vivió y lo que nos dejó”, insistió el cura durante la misa, en la que en todo momento su familia rodeó el ataúd.
A la mitad se llenó el templo, que hasta al menos creyente enfundaba paz. El calor se intensificó para cuando inició la colecta de la limosna, al son de música católica de la mano de los mariachis.
Una hora después salió la carroza fúnebre y detrás un máximo de 100 personas, rumbo al camposanto del lugar. Bordeando la plaza principal, al ritmo de Hermoso cariño y El son de la negra, entre olores a cuero, morisqueta y aporreadillo, las actividades en los negocios establecidos en los portales se detuvieron, mientras la gente se paraba a observar con la consternación en el rostro… y la pena.
Lo mismo ocurrió en el kilómetro que aproximadamente duró la caminata por el pueblo hacia el panteón municipal, en la que señoras abrían sus sombrillas para proteger a los niños del sol, se refrescaban con abanicos y uno que otro ingería refresco o cerveza.
La sencilla entrada al cementerio, pintada de blanco y guinda, recibió a los dolientes entre decenas de rosas blancas y rojas, y flores amarillas, por todo un largo pasillo hasta llegar al sitio donde reposarían los restos de Maribel.
Los mariachis continuaron con su repertorio, la gente se reunió ante la tumba y aguardó, mientras continuaba el sepelio.
Para entonces, las lágrimas bajaban por los rostros enrojecidos y no cesaron, después del momento en que al cuerpo se le dio el santo sepulcro. El silencio predominó en todo momento, y lo único que hizo ruido fue la tristeza.




