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MORELIA., Mich., 23 de febrero de 2026.— El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, ya impactó en la política michoacana de manera espeluznante.
Nuevas informaciones conocidas por Quadratín revelan que en la reunión privada que encabezó el jueves pasado en Morelia, la lideresa nacional de Morena, Luisa María Alcalde, fue alertada de que el ex gobernador Leonel Godoy brinda protección a Roldán Álvarez Ayala, hermano de Ramón y Rafael, conocidos como R1 y R2 en la estructura criminal del CJNG.
La advertencia no fue lanzada por algún frívolo o inexperto en el quehacer político, sino por el diputado local Juan Pablo Celis. Y no sólo quedó en un mero discurso, sino que le entregó a la presidenta partidista un expediente.
En aquella encerrona, ahora se sabe, Celis hizo uso de la palabra para mencionarle a Alcalde que cuando era presidente de Morena en Michoacán, tres veces propuso en diferentes consejos políticos expulsar del partido a Roldán Álvarez, en virtud de que había indicios de presuntos nexos con grupos delincuenciales.
En esas asambleas, rememoró Celis, siempre mencionó las causas de su petición, pero… también hubo un personaje de prominencia que siempre defendió a capa y espada al señalado: el diputado federal Leonel Godoy.
Y por eso Roldán Álvarez Ayala —ex alcalde de Apatzingán, ex diputado, ex colaborador en el gobierno de Godoy— no pudo ser quitado como consejero del partido, ni mucho menos expulsado de Morena. Tenía una protección de primera.
Tras esa participación, Juan Pablo Celis se dirigió hacia luisa María Alcalde y en mano propia le entregó una serie de carpetas que, según afirmó en la convención, contenían las minutas de los momentos en que propuso la expulsión, así como otros documentos.
La lideresa partidista ojeó los papeles y los colocó sobre la mesa, mientras que Leonel Godoy, muy cerca de ella, se quedó pegado en su sillita, sin decir ni pío.
PUTREFACCIÓN
La crisis interna en Morena Michoacán escala así de nivel tras la caída del El Mencho, ya que la mayoría de cuadros prominentes con los que dialogó Alcalde con fines políticos y de gobernabilidad, ahora juzga muy oportuno que Juan Pablo Celis haya pintado raya en su momento de temas que hoy complican la ruta electoral hacia 2027.
El secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, ha informado públicamente que los hermanos Álvarez Ayala son identificados por las autoridades como operadores regionales del CJNG en Michoacán: Ramón Álvarez Ayala, alias R1, ha sido señalado como jefe de plaza y presunto autor intelectual del homicidio del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.
Las investigaciones en torno del magnicidio siguen su curso y la responsabilidad penal corresponde exclusivamente a las autoridades judiciales. Sin embargo, el debate político en Morena Michoacán se mueve hoy en otro plano: ¿por qué Leonel Godoy defendió la permanencia de Roldán Álvarez Ayala en Morena?
La pregunta pesa más tras la muerte de El Mencho. La desarticulación parcial del CJNG genera tensiones y reacomodos violentos en Jalisco y Michoacán, estados donde la organización mantuvo durante años estructuras de mando territorial. En ese contexto, cualquier vínculo político —directo o indirecto— con personas señaladas dentro de esas redes adquiere una dimensión pública explosiva.
Leonel Godoy no es un actor periférico. Es el principal referente político del senador Raúl Morón Orozco, aspirante visible a la candidatura al Ejecutivo estatal. Su ascendencia interna ha sido determinante en la construcción de cuadros y alianzas en el estado. Además, su papel como operador nacional en procesos internos de Morena lo colocó durante años en una posición de influencia estratégica.
Hoy esa influencia enfrenta escrutinio. La dirigente nacional ha insistido en que el proceso para definir candidatura debe ser transparente, legítimo y libre de cuestionamientos éticos. Pero el señalamiento de Celis abre una herida que no se cierra con discursos de unidad.
La dimensión del caso no es jurídica —eso compete a la Fiscalía— sino política. Morena ha construido su narrativa sobre la regeneración de la vida pública. En ese marco, la permanencia o defensa de perfiles ligados por entorno familiar o presunta red a estructuras criminales se convierte en un pasivo.
En Michoacán, donde la violencia y la disputa territorial han marcado la agenda pública durante años, el tema no es menor. La caída del máximo líder del CJNG obliga a revisar no solo el mapa criminal, sino también las responsabilidades políticas indirectas que pudieron incubarse en decisiones partidistas.
La pregunta que flota en el ambiente es sencilla y dura: ¿fue una defensa política ordinaria o una omisión grave de cálculo?
La sucesión estatal avanza. Pero ahora no solo se medirá en posicionamientos y encuestas. También en la capacidad de los liderazgos para responder con claridad a las sombras que proyectan sus propias decisiones.




