Reconoce DIF Morelia el duelo de las familias ante la pérdida de un bebé
MORELIA, Mich., 30 de noviembre de 2025.- En la plaza Siervo de la Nación, ubicada sobre avenida Pedregal casi esquina con el Periférico, la escena cotidiana combina juegos infantiles rotos, basura acumulada y estructuras vandalizadas. Aunque está rodeada de viviendas y forma parte del tránsito diario de decenas de familias, mantiene un aspecto de abandono que contrasta con el uso constante del espacio.
En un recorrido realizado este fin de semana, el deterioro aparece desde los primeros pasos: resbaladillas con superficies quebradas, columpios oxidados y bancas inutilizables. Los menores que acuden a jugar se enfrentan a riesgos inmediatos de lastimaduras, mientras sus cuidadores buscan zonas menos inseguras para permitirles correr o trepar.
Entre los árboles, bolsas plásticas, restos de comida y envases permanecen desde días anteriores, lo que confirma que la limpieza no es frecuente. A unos metros, en la parte más sombría de la plaza, se observan indicios de consumo de sustancias.
Colillas, latas abiertas y botellas rotas se repiten en el mismo punto, un lugar al que, según vecinos consultados durante el recorrido, suelen acudir grupos de jóvenes. La presencia de estos restos no es esporádica: aparecen cada mañana antes de que lleguen las familias con niñas y niños.
A pesar de ello, la plaza no está vacía. Algunas familias aún buscan aprovechar el espacio, sobre todo durante las tardes, cuando la temperatura es más amable. Llegan con balones o bicicletas, ocupan las zonas que consideran menos riesgosas y tratan de mantener cierta rutina de convivencia.
Sin embargo, su estancia suele interrumpirse por la falta de condiciones mínimas: no hay botes de basura, el alumbrado es insuficiente y varias áreas verdes están secas o sin poda.
El uso mixto del lugar también evidencia responsabilidades compartidas. Por un lado, la ausencia de infraestructura adecuada y de mantenimiento continuo por parte de la autoridad municipal contribuye al ambiente de abandono.
Por otro, algunos usuarios dejan su propia basura en el suelo o junto a árboles, sin un contenedor cercano donde depositarla. Esa combinación refuerza la percepción de deterioro en una plaza que, por su ubicación, podría ser un punto de encuentro comunitario.
Al caer la tarde, cuando las familias se retiran, la plaza vuelve a llenarse de sombras. Los juegos rotos quedan ahí, igual que cada bote, bolsa o envoltura. Los vecinos que pasan rumbo a sus viviendas aceleran el paso. Lo que queda es un espacio que intenta seguir siendo público, pero que lucha contra una degradación constante.
La plaza Siervo de la Nación es, hoy, un retrato de usos simultáneos y cuidados insuficientes: un sitio donde confluyen infancia, convivencia, abandono, consumo de sustancias y falta de mantenimiento, en medio de una colonia que continúa habitando sus alrededores pese al deterioro acumulado.




